Atacaron la casa de una abogada querellante en delitos de lesa humanidad

Se trata de Florencia Amore, militante de Hijos que lleva adelante una causa por crímenes de la dictadura en Entre Ríos. Ingresaron a su domicilio y se llevaron dos computadoras con información

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Material vinculado a una megacausa que investiga delitos de lesa humanidad cometidos en el "Área Paraná" durante la última dictadura cívico-militar fueron robados de la casa de la abogada de la agrupación HIJOS, Florencia Amore, en una "etapa crucial" del juicio que se desarrolla en Entre Ríos.

Así lo denunció Amore, quien precisó que desconocidos ingresaron ayer a su domicilio particular y robaron dos computadoras en las que se guardaba material vinculado con la megacausa, que investiga secuestros y torturas a 52 personas en centros clandestinos de detención ubicados en el oeste de la provincia.

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El hecho fue repudiado "enérgicamente" por el gobernador entrerriano, Sergio Urribarri, quien consideró que "es muy evidente la provocación, la intención de meter miedo", le pidió a la justicia "que no quede sin esclarecer este hecho" e instruyó a las fuerzas de seguridad provinciales para que le brinden seguridad a la abogada de HIJOS.

"Algunos no quieren entender que la impunidad quedó atrás en la Argentina. Hoy existe un gobierno y un Estado nacional que acompañan este proceso de búsqueda de la verdad, la recuperación de la memoria y la acción de la justicia", agregó Urribarri.

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Amore, que también se desempeña como secretaria de Derechos Humanos, Salud y Educación de la municipalidad de Paraná, informó que junto a las computadoras robadas había 2.300 pesos en efectivo que no fueron tocados por los delincuentes, quienes dejaron indicios de haber revisado distintas habitaciones de la casa.

"Lo que ocurrió fortalece aún más a nuestro equipo de trabajo. Vamos a seguir con nuestra labor esperando la sentencia de la causa Área Paraná que está muy cerca", dijo la dirigente. En tanto, funcionarios y organismos de derechos humanos de Paraná consideraron el hecho como "un claro mensaje intimidatorio".