Las consecuencias de un Estado omnipresente e ineficiente

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Milton Friedman, conocido economista de la Universidad de Chicago, entre sus tantas reflexiones y comentarios alguna vez dijo: "Si usted pusiese al gobierno federal a cargo del desierto del Sahara, en 5 años habría una escasez de arena."

Humor e ironías aparte de tal aseveración, si fuera cierto aquel dicho que reza que "en todo chiste hay algo de verdad", parece entonces de no extrañar el encontrarse con noticias recientes de un país como la República Bolivariana de Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo (2013: 298.353 MM Barriles), viéndose obligado a importar petróleo. O por poner un ejemplo más cercano, haber visto a Argentina casi terminar teniendo que importar trigo durante 2013 (Recordemos 2011: 4° exportador mundial y 11° productor mundial).

Ahora, ¿cuál es la explicación para que países con grandes ventajas comparativas en la producción de algún bien, o en el caso de Venezuela, grandes reservas del recurso natural en cuestión, terminen teniendo que recurrir a compras del mismo en el exterior? ¡Como se explica estas caídas en la producción? ¿Cómo puede haber mermado la producción de Venezuela de 3.260MM barriles de petróleo en 2008 a unos 2.894MM en 2013¿ ¿Por qué Argentina pasó de sembrar 5,9MM de hectáreas de trigo en la campaña 2008 a unos 3,4MM en la presente? No mediando circunstancias extraordinarias, sin dudas a primera vista resulta paradójico, aunque posiblemente más en detalle la respuesta esté en las instituciones de cada país.

Sabemos que una de las funciones de los gobiernos, sin caer en ninguna discusión de cariz ideológico, es asegurar un marco normativo que permita y provea seguridad para que la producción pueda llevarse a cabo. Cuando los gobiernos fallan en proveer tal marco de reglas, y caen en sancionar normas o regulaciones que atentan contra el desarrollo de los factores productivos, y/o cuando el Estado acapara directamente sectores y funciones productivas que no le son propios se pueden producir estos aparentemente contradictorios sucesos mencionados, donde lo que por su potencial y sus condiciones debería poder desarrollarse sin problemas, enfrenta distintas barreras y queda relegado.

Si bien los ejemplos no son análogos, habiendo en Venezuela por un lado un Estado productor omnipresente e ineficiente con desacoples en las ramas de producción del sector petrolero, mientras que por otro, Argentina se debate con mercados intervenidos, en exceso regulados y con esquemas de retenciones; el problema de fondo es el mismo: la falta de previsibilidad y presencia de instituciones malsanas que atentan contra el desarrollo.

En esta discusión sobre instituciones, la noción de un marco normativo coherente es incuestionable, cuando eso falla el absurdo aflora y se hace presente y tangible. Deja de ser un chiste, empieza a molestar, hasta diríamos doler. Así es como falta petróleo en el país del petróleo, algo tan descabellado como que en Argentina, el país del trigo, pudiese no llegar a haber pan; o no menos ridículo que lo que sería oír algún día decir que Brasil se quedó sin café o Ecuador sin bananas, por citar otros ejemplos.

Dado esto, sólo se puede esperar que la gente empiece a demandar de la clase política instituciones sanas que promuevan el desarrollo económico y social, para que la falta de arena en el desierto sea sólo lo que puede ser, es decir, un chiste.

El autor es Licenciado en Economía.