"Mi sueño es jugar un Mundial". Aquel pequeño Diego Armando Maradona, con sus rulos al viento en una villa de Lanús, resumió lo que toda persona que patea una pelota tiene como anhelo máximo: defender los colores de su país en la cita más importante. Esa misma ilusión era la que tenía Éver Banega, cuando la reciente Copa del Mundo de Brasil se acercaba. Pero a último momento, sin esperárselo, el volante surgido de Boca, pero identificado con Newell's, recibió la noticia más inesperada: quedó fuera del corte final.
114 días debieron pasar para que la herida que le generó esa inesperada situación lo deje volver a hablar sobre el tema. En la nota que realizó con Estudio Fútbol, por TyC Sports, el volante que hoy defiende los colores del Sevilla (llegó en remplazo de Ivan Rakitic, hoy en el Barcelona), habló de todas las sensaciones que le corrieron por el cuerpo al escuchar las fatídicas palabras de Alejandro Sabella aquel 2 de junio en el gimnasio del Predio de Ezeiza.
"Estuve en todo el trayecto de Eliminatorias, en los amistosos, y la verdad que quedar afuera fue uno de los momentos más duros de mi vida. Era lo más esperado, lo más soñado que uno quería. Me aferré a la familia y a los amigos", confesó el volante que quedó en la puerta de los 23 convocados junto a José Sosa y Nicolás Otamendi.
Con el paso del tiempo, Banega espera volver a juntarse con Sabella para conocer los motivos de su decisión, aunque fue claro en que el respeto que le tiene fue lo único que impidió que se sobrepasara. "La verdad que en el momento uno está caliente, pero claro que me gustaría tomar un café con Sabella para saber cuál fue su decisión y charlarlo, no soy rencoroso. Si hubieses sido otro lo hubiera mandado a la mierda", aseguró, tajante; aunque reconoció que miró todos los partidos de la Selección en tierras vecinas y destacó: "Me hubiese gustado estar ahí. Me tocó estar en esta situación, pero siempre apoyando a los compañeros".
Sobre su sorpresiva exclusión se tejieron varias versiones que lo marcaban como protagonista de algún exceso en los días previos que hicieron enojar al entrenador, aunque el jugador lo niega rotundamente. "No me la veía venir. Siempre cumplí; era lo que uno tanto esperaba como para mandarse una macana a tan poco del Mundial", se justificó. Y agregó: "Hay decisiones que se respetan, pero que uno no comparte. No tuve la posibilidad de decírselo a Sabella".