Menos de una semana atrás, el transportador francés Arianne 5 dejó al Arsat-1 a 250 kilómetros de la tierra. Esta noche, unos 50 expertos de Invap -el constructor- y otros 20 de Arsat -la empresa que lo opera- llevarán a cabo la tercera maniobra para "levantar" la órbita del satélite, que viajará desde los 15.000 kilómetros en el perigeo -el punto de la órbita de máxima proximidad a la tierra- hasta los 30.000 km.
Aunque está más cerca de su objetivo final, aún falta camino por recorrer. Si las operaciones resultan exitosas, la semana que viene el satélite alcanzará -luego de otras dos maniobras- su posición definitiva geoestacionaria a 36.000 kilómetros y podrá ya desplegar sus paneles solares y la antena. "Tenemos todavía un mes largo de trabajo para poder terminar de hacer todas las pruebas de los distintos sistemas y susbsistemas del satélite", explica Matías Bianchi, presidente de Arsat.
Todas las operaciones se hacen desde la Estación Terrena Benavídez. Sin embargo, como aún el satélite no está fijo a la Tierra, Arsat utiliza el soporte de otras antenas en otros lugares del mundo, que colectan la información de acuerdo con la visibilidad que tengan en ese momento.
Cuando esta noche se produzca la maniobra AMF (Apogee Motor Firing, o disparo de motor de apogeo), la operación estará completamente programada. Sin embargo, los técnicos deberán controlar durante la propulsión las temperaturas, presiones, funcionamiento de los sensores y, una vez terminada, realizarán las mediciones de distancia y posición para verificar que el satélite haya llegado a donde se esperaba que llegara.
"Uno de los objetivos, además de llevar el satélite a la órbita geostacionaria, es probar los sistemas. Se probó el sistema de propulsión que no se había podido probar en Tierra porque no se puede disparar nada en Tierra, el sistema térmico, el sistema de la computadora de abordo, hecho por Invap... El software de control se probó en estas dos maniobras", explica Andrés Rodríguez, jefe del proyecto Arsat-1.
Pasada la euforia y la emoción del lanzamiento, en Benavídez se mezcla el entusiasmo y la alegría por "el chiche nuevo", con la tranquilidad de que por el momento las pruebas y operaciones vienen resultando exitosas, y la conciencia de que aún quedan tareas críticas antes de que Arsat-1 comience a hacer su trabajo. Una vez que esté listo para operar, deberán encargarse de migrar los clientes que hoy están repartidos en seis satélites alquilados. Cuando eso suceda, Arsat-1 tendrá prácticamente completa su capacidad. Pero para mediados del año que viene prevén que estarán lanzando el Arsat-2. "Arsat 2 está en un 70% construido. Seguramente estaremos visitando Invap con la presidenta en los próximos días, para ver el avance en la construcción del satélite", dijo el ministro de Planificación Federal Julio de Vido, que visitó Benavídez hoy junto a Norberto Berner, secretario de Comunicaciones, y un grupo de intendentes.
Desde que el satélite llegó al espacio, en la Tierra algunas cosas han cambiado. Por ejemplo, ciertas áreas que antes eran accesibles ahora se han limitado, para no distraer la labor de los expertos. "Hasta hace un mes, teníamos restricciones parciales de acceso a las salas de control. Hoy no puede entrar nadie que no esté haciendo operaciones. Entra la gente específicamente técnica de Arsat y de Invap, entra un responsable de calidad. Entro yo como responsable de decisión, pero toda la gente que está tiene una función y un objetivo", cuenta Rodríguez.
Aunque es la estrella de los últimos días, los servicios satelitales son sólo una parte del trabajo que se lleva a cabo en Benavídez. El centro de procesamiento de datos más grande y seguro de la Argentina, la operación de la televisión digital abierta (TDA), los servicios de conectividad por radioenlace y el corazón de la red federal de fibra óptica son otras de las actividades que lleva a cabo la empresa, creada en 2006 dentro de la órbita del Ministerio de Planificación Federal.
"La capacidad satelital representa el 66% de la facturación de Arsat, que ronda los 700 mil pesos", explica Hernán Winnik, gerente comercial de Arsat. La empresa tiene más de 50 nuevos clientes tanto del sector público como del sector privado. "Y ya tenemos cerca del 50% de la capacidad del datacenter vendida entre la que está utilizada y la que ya está reservada". El datacenter tiene principalmente clientes públicos, pero en la línea general de negocios de Arsat, el sector público y el privado representan el 50% cada uno.
El datacenter -cuatro salas de 365 metros cuadrados- "es uno de los puntos más conectados del país", afirma Bianchi. Hasta él llegan los nueve principales operadores de telecomunicaciones por vía fibra óptica, además de la red federal de fibra óptica, que tiene proyectados 58.000 kilómetros de fibra óptica para todo el país.
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