Cuando el régimen de Bashar Al Assad y facciones rebeldes comenzaron a matarse los unos a los otros en Aleppo, una pequeña ciudad de Turquía llamada Kilis floreció en relevancia para refugiar a los periodistas. Situada a sólo seis kilometros al norte de la frontera con Siria, esa localidad se convirtió en un punto de paso de vital importancia dentro y fuera de una guerra que se desenvolvía rápidamente.
El periodista Steven Sotloff ingresó a la habitación 303 del Hotel Estambul el 1 de agosto de 2013. Era una época difícil para estar en la zona. Combatientes yihadistas habían secuestrado recientemente a varios periodistas occidentales y a trabajadores de ayuda humanitaria en la ruta que conecta Aleppo con Kilis y corrían rumores de que los estadounidenses podrían incluso estar bajo vigilancia en la ciudad.
Un artículo del Daily Beast señaló versiones de que espías en el lado turco podrían haberles avisado a los yihadistas y bandas criminales en Siria. Esos grupos estaban ansiosos por tener en sus manos un rehén para adquirir poder político.
Cuando Sotloff llegó a la ciudad, el flujo de reporteros dentro y fuera de Aleppo había disminuido considerablemente. Pero Sotloff ya conocía Kilis y tenía experiencia en escenarios de guerra. Años antes de su secuestro, había logrado una valiente cobertura de la Primavera Árabe en Libia, Egipto y Yemen.
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"Tuvo cuidado. Y me dijo que había tenido suficiente", contó Ben Taub, periodista y colega de Sotloff. "Tomábamos unas cervezas en el único bar de Kilis y me dijo que estaba harto de ser golpeado, recibir disparos y ser acusado de espía. Justo el día antes, la policía turca le había rociado gas pimienta por sacar fotos en una protesta".
Sotloff quería dejar de hacer informes periodísticos por un rato, al menos sobre el conflicto en Medio Oriente, y tal vez buscar un posgrado de vuelta en Florida. "Pero antes de eso necesitaba una última nota sobre Siria. Dijo que estaba persiguiendo una buena historia, pero mantuvo los detalles muy en secreto".
La última vez que Sotloff había estado en Siria, un francotirador del régimen casi lo mata después de detectar el diminuto resplandor de su cigarrillo a través de una ventana del baño. Y aunque la bala le pasó muy cerca, él luego contaba la anécdota como algo divertido pero también traumático.
En esta ocasión, Steven había llegado a Kilis después del anochecer y planeaba estar en Siria la mañana siguiente. Sólo se había detenido en la ciudad para tomar prestado un chaleco antibalas.
Sotloff tenía 31 años y trabajaba para medios de Miami. Fue secuestrado en Siria por los yihadistas en agosto de 2013. Su vida dependía, supuestamente, de que los Estados Unidos detuvieran los ataques contra blancos terroristas en Irak.
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