Considerando que la película no ha sido estrenada todavía, es llamativa la virulencia de ciertas críticas y la polarización de las posiciones en torno a la temática que plantea: la lucha de padres varones que, en el marco de divorcios conflictivos, son privados del contacto con sus hijos. Mientras que la directora de Borrando a Papá, la documentalista Ginger Gentile –estadounidense pero residente en nuestro país desde hace varios años-, denuncia un "sistema judicial kafkiano" en el cual la sola denuncia de la madre basta para impedir al padre el contacto con los hijos por un período que va de 90 días como mínimo hasta varios años, María Beatriz Müller, psicóloga y directora de Salud Activa, una ONG especializada en el acompañamiento y tratamiento de casos de abuso y violencia doméstica, sostiene que "las medidas restrictivas de contacto de un padre con sus hijos (...) son muy difíciles de obtener, los jueces no las dan así como así".

Salud Activa lanzó una campaña a través de Change.org para pedir al INCAA, que financió parte de la película, que deje de promocionar la película. Los realizadores, por su parte, denunciaron censura.

En la entrevista a continuación, Ginger Gentile explica sus motivaciones para hacer este documental y denuncia a los profesionales que hacen "un negocio" del tratamiento de estos conflictos familiares. (Ver al final de la nota las razones de los críticos del film).

-¿De qué trata este documental?

Borrando a Papá muestra los casos de cinco padres que están luchando por ver a sus hijos después de divorcios conflictivos y se encuentran en un sistema kafkiano en el cual la mera denuncia de sus ex parejas vale como prueba. En la justicia de familia en la Argentina, con sólo hacer una denuncia, una persona puede alejar al padre de sus hijos por un mínimo de 90 días, y en muchos casos por años. En la película denunciamos que esos casos no reciben ayuda, no son investigados. Un padre, por ejemplo, fue denunciado por hablar ruso –su idioma- a sus hijos, y no puede verlos. También entrevistamos a expertos y uno de ellos admite en cámara que hace todo lo posible para que los papás no vean a sus hijos, e incluso que los chicos no vean a ningún miembro de sus familias paternas, y lo dice con orgullo. Son profesionales que tratan a niños en casos de divorcios conflictivos, que trabajan con los juzgados en terapias de revinculación y admiten que no quieren revincular. O que trabajan en casos de violencia doméstica pero sólo con mujeres y también son formadores de opinión pública, como Liliana Hendel.

-¿Qué otro motivo de exclusión muestran en el documental?

Otro caso es el de un padre denunciado por violencia verbal. Como la madre no le dejaba ver al hijo, él tocaba timbre, y una vez le dijo "Pensá" y se tocó la frente con el dedo. Ella dijo que se sintió amenazada: interpretó que él le decía te voy a matar. Pero meses después los vecinos denunciaron a la madre por pegarle al hijo y el chico fue un año a un orfanatorio sin ver al padre, ni a la madre. Hoy en día está con el papá, después de dos años de no verse, porque la violenta era la madre. Hay otro caso en el que la mamá mandó al hijo al hospital por un golpe en la cabeza. El chico dijo "mi mamá me pegó"; el hospital hizo la denuncia. ¿Qué hace la justicia de familia? Lo obvio hubiese sido que el niño y sus tres hermanos fuesen con el padre, sin embargo quedan con la madre mientras dura el proceso por intento de homicidio, pero ella es la que va al juzgado y dice "tengo miedo de que él me haga algo, me pone nerviosa", y el padre fue excluido por seis meses mientras ella quedó con los hijos estando procesada.

-Llama la atención la polémica que generó este documental. ¿A qué creen que se debe?

Porque la sociedad no sabe lo que pasa en los tribunales de familia; cree que si alguien está excluido es porque hay pruebas, pero no es así porque la denuncia es tomada como prueba y hay mucha gente que gana mucha plata con el sufrimiento de los niños, que lucra con la obstrucción de vínculos, con la violencia institucional. Es lo que estamos denunciando. Esta gente siempre trabaja en las sombras, diciendo que protegen a los niños. Nosotros decimos que el sistema actual es una fábrica de denuncias que luego no son investigadas, que los niños no están protegidos, y que con la sola denuncia pueden separar al padre por años. No protegen al niño ni a la madre ni al padre. Pero lo más grave es que las víctimas de violencia verdadera que realmente necesitan ayuda, no la reciben porque hay tantas denuncias que no hay recursos para estas personas.

-¿Por qué pasa todo esto?

Hay un sexismo en los tribunales de familia y en la sociedad en general contra los padres varones que están separados porque, cuando no se les permite ver a los hijos, la gente piensa que por algo será, y siempre se toma más el partido de la madre. El padre varón recibe mucho prejuicio en los tribunales de familia, hay muchos jueces que dicen directamente: "Hacé todo lo que quiere la madre porque acá la madre siempre gana", o "el hijo es propiedad de la madre", o: "¿Para qué querés ver a tus hijos?, ¿por qué no te buscás otra señora y tenés otros hijos?, ya está, dejate de joder"

Ésas son palabras que escuchamos y, aunque el padre no esté denunciado, cuando entra al tribunal de familia la mirada ya es sospechosa: ¿qué hiciste? ¿no querés pagar la cuota alimentaria? Muchos también dicen que hay muchos padres que no quieren ver a sus hijos. Este documental trata de padres que sí los quieren ver, pero en muchos casos se dice que el padre no quiere ver al hijo cuando en realidad fue borrado y en un momento deja de insistir porque recibe falsas denuncias o porque los abogados le dicen "no vas a ganar". Si un hombre va a la oficina de violencia doméstica para hacer una denuncia, si no lo echan, le dicen en la cara –y lo tenemos grabado-: "acá pensamos que todos los hombres mienten". Entonces muchos padres no hacen la denuncia porque saben que no será aceptada.

-¿Existen falsas denuncias de abuso sexual en estos divorcios conflictivos?

En el documental no se tratan casos de abuso sexual sino de denuncias absurdas o de violencia psicológica o verbal. Pero me quedé como con otra película que tengo que hacer que es la del negocio de las falsas denuncias de abuso sexual. Hay muchos casos de denuncias respecto a niños de 1 ó 2 años, y dicen que el abuso ocurrió mientras el padre le cambiaba el pañal o lo estaba bañando. Es algo casi imposible de probar. Cuando una denuncia se da en el foro civil, no hay juicios, no hay pruebas, y muchas veces el padre varón no puede ver el expediente porque es secreto. Y con la sola denuncia verbal, dice la ley, hay que alejar al padre por un mínimo de 90 días

Dicen que en mi documental hablo de padres que están denunciados, pero ninguno por abuso sexual o violencia grave, son todos casos de violencia verbal o algo así. Y acá son los padres los que tienen que demostrar su inocencia. Si la madre dice "es violento" ¿cómo se demuestra que no?

El sistema en el que cualquiera puede hacer una denuncia muy fácilmente y ésta es tomada como prueba y encima no hay pena por hacer falsa denuncia -está en la ley, pero casi no se aplica-, y tampoco hay pena para el abogado o la psicóloga que acompañan la denuncia; y hay tantas denuncias así, por violencia verbal, psicológica o económica, que los casos en los que realmente hay violencia extrema, no reciben ayuda. Cuando vemos que una mujer fue quemada por su ex pareja, y que había hecho diez denuncias, queda claro que el sistema no funciona. En otros países ponen todos los recursos en las denuncias de violencia grave y concentran allí toda la atención y logran bajar la tasa de homicidios casi a cero.

-¿Hay también razones personales detrás de este documental?

Hice el documental por tres razones. Primero, siempre me interesaron los temas de igualdad de género. Mi anterior documental es Mujeres con pelotas, sobre la lucha de las mujeres para jugar al fútbol. Segundo, que cuando yo tenía 13 años mis padres se divorciaron y mi madre me habló muy mal de mi papá y yo tomé ese discurso por muchos años, durante los cuales si mi padre me llamaba lo maltrataba y le colgaba el teléfono. El daño que me hice fue enorme. Cuando uno enseña a un niño a odiar a su padre le está enseñando a odiarse a sí mismo y eso le va a traer muchos problemas psicológicos y emocionales. Yo estoy saliendo de eso recién a los 33 años. Y la tercera razón es que mi pareja, Gabriel Balanosky, que es el productor de la película, hace 13 años que no puede ver a su hija; tenía un régimen de visitas, pero la madre nunca llevó a la nena y no hubo ninguna sanción por parte del juzgado. Ahora tiene 18 años y la respuesta del juzgado es "ya tiene 18, dice que no quiere verte, ya está, caso cerrado". Es obvio que no quiere verlo, porque pasó 12 años escuchando una sola campana.

-¿Puede pasar que no se estrene el documental?

Tenemos miedo de no poderlo estrenar. El documental pasó todos los filtros del INCAA: primero un comité de documentalistas aprobó el proyecto; después, al terminarlo, fue declarado "apto para todo público", por una comisión en la que están representadas organizaciones que defienden los derechos de los niños. El INCAA está recibiendo muchas presiones y tenemos miedo porque todavía no pudimos conseguir sala y estamos a una semana de la fecha de estreno prevista [jueves 28 de agosto]. Pero tenemos más de 13000 seguidores en Facebook, más de 27.000 personas vieron el tráiler en Youtube; no se puede tapar el sol con un dedo porque hay tanta cantidad de casos... En cada entrevista que hago, alguien me dice "me pasó" o "le pasó a un amigo". Fui al quiosco y el quiosquero me dijo "estuve 5 años sin poder ver a mi hijo". Hay muchos padres que están sufriendo este problema; no son cien, son miles y miles de casos. Así que quizá logren impedir el estreno, pero la gente está saliendo del clóset. Hay mucha vergüenza de hablar de este problema pero la gente está yendo a los medios a decir "yo no puedo ver a mi hijo, quiero verlo, quiero participar en un 50% en la crianza y ¿por qué mi hijo es un huérfano si yo estoy vivo?".

Razones de una campaña

La petición creada por la ONG Salud Activa en Change.org tiene por título: "Repudiar la difusión de 'Borrando a Papá'", por considerarlo "una burla para quienes luchamos por la verdadera igualdad de género". Se cuestiona que el INCAA haya destinado "fondos públicos" para un documental que según ellos "fomenta la violencia y el abuso sexual de menores".

María Beatriz Müller explicó a Infobae que "la campaña es de repudio al contenido del documental; no pedimos la censura, sino que el INCAA deje de promocionarlo, que no financie la difusión".

"Algunos de los padres que aparecen en el documental tienen medidas judiciales restrictivas de contacto con sus hijos que, como trabajamos con niños en casos de violencia y abuso sexual infantil, sabemos que son muy difíciles de obtener, los jueces no las dan así como así. Hay una problemática por la cual se toma la decisión de impedir el contacto", aseguró Müller.

Como se ve, al revés de lo que plantea el documental acerca de la facilidad para obtener una medida restrictiva, Müller sostiene que si el juez la da es porque hay una razón, y que "se hace una evaluación del chico y se decide si se prolonga la medida". "Entonces, si un padre lleva dos o tres años de restricción es porque hay un motivo".

Müller es psicóloga y su ONG se dedica a acompañar y asesorar en materia de violencia familiar y abuso. Recibe casos de los juzgados y sus profesionales actúan a veces como peritos de parte e incluso como testigos expertos.

Ella insiste en subrayar que "esto no es una pelea de hombres contra mujeres, es reduccionista plantearlo así". "No somos una organización feminista", asegura y critica que padres que "no pueden ver a sus chicos, aparezcan por televisión o en un documental, mostrándolos y hablando de ellos".

Para ella, ésta "es una situación de mucha violencia hacia los chicos". "Debe quedar en claro el nivel de violencia que tiene toda esta movida, el nivel de violencia y agresión que trasciende y que les sale por los poros; eso algo quiere decir".

Müller niega que existan casos de falsa denuncia de abuso sexual. "¿La justicia absolvió o no encontró pruebas suficientes? –se pregunta-. En 20 años de trabajo que tengo, nunca vi un caso de falsa denuncia; sí casos en los que la justicia no ha podido probar desde lo penal el abuso".

En la petición via Change.org, también mencionan a Gabriel Bolanovsky, productor de la película, que, dice Müller, fue "condenado por impedimento de contacto".

Finalmente, Müller tampoco coincide con el sesgo anti-varones en los juzgados en materia de divorcio y tenencia de los hijos. "Hay una idea de que a las mujeres las favorecen pero yo digo que hay una mentalidad patriarcal y machista en la justicia. Siempre le creen al hombre". Y hasta cuando la favorecen con la tenencia de los hijos "es por la misma cultura patriarcal y machista".