El caso conmueve a la opinión pública de los Estados Unidos y llegó a la portada de los diarios más importantes del país. Es que no es usual que un médico ginecólogo haya sido encontrado culpable de haber filmado a pacientes en su consultorio del Hospital Johns Hopkins, en Baltimore.
Nikita Levy, el médico cuestionado, fue despedido en 2013 luego de la denuncia de un trabajador del mismo centro de salud que sospechaba que el ginecólogo grababa a las mujeres que se acercaban con alguna consulta con una cámara oculta colocada en un lapicera.
Días después de haber sido echado por las autoridades, Levy se quitó la vida y nunca pudo ser acusado formalmente del hecho. En su poder fueron encontrados alrededor de 1.200 videos y 140 imágenes almacenadas en su ordenador hogareño.
El escándalo no podía taparse y comenzaron a llover demandas contra el centro médico Johns Hopkins.
"Confié a este hombre mis partes más íntimas y mis secretos más internos", dijo al Washington Post Jyllene Edwards Wilson, una de las víctimas de Levy, quien presentó una demanda contra el hospital. "Ahora no confío en nadie, nunca más", añadió consternada. Wilson es una de las 8.500 pacientes que presentaron cargos contra el centro médico, que ahora deberá compensar a las demandantes con 190 millones de dólares.
Jonathan Schochor, su abogado, fue clarísimo respecto de la situación de las mujeres que sufrieron este ultraje por parte del ginecólogo: "Muchas de estas mujeres abandonaron el sistema médico. No van más a consultar médicos. No están siendo examinadas. Y muchas no están teniendo sus hijos, tampoco".
Levy era un médico graduado de la Facultad de Medicina de la Universidad Cornell, y trabajaba en el hospital Johns Hopkins desde 1988. Cuando decidió suicidarse tenía 54.
Wilson todavía no sale de su asombro por lo que ocurrió. "Desearía ponerle un cierre. Ésta era una persona que yo conocí y quise. Fue el único médico al que le regalé un presente para Navidad. Pero luego él se mató y nos dejó a todas sin respuestas. ¿Por qué hizo esto? Me siento como una tonta".
Myra James, de 67 años, visitó a Levy durante 20 años, una vez cada 365 días. Desde que su conducta inapropiada se hizo pública, nunca más pisó el consultorio de un ginecólogo. "No puedo ir de nuevo. Estás ahí, tendida, expuesta. Es una violación y es horrible. Mi confianza se terminó", señaló la mujer a la agencia de noticias AP, y estuvo de acuerdo en que su nombre se hiciera público.
Levy estaba casado y la vergüenza por el desagradable delito que cometió fue demasiado para él. El 18 de febrero de 2013 decidió suicidarse colocándose una bolsa de plástico en la cabeza. Minutos antes, había escrito una carta a su esposa pidiéndole disculpas.
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