La clasificación de la Selección Argentina a las semifinales del Mundial Brasil 2014 fue muy merecida. Mostró su mejor versión ante un Bélgica que se presentaba peligroso por el rendimiento de sus jóvenes talentos.
Fue ordenado, ocupó espacios en defensa, se sacrificó para la recuperación, y atacó con criterio. Por más que la formación había sufrido algunas alteraciones, los cambios cumplieron y le dieron mayor equilibrio al equipo. La posición de Higuaín, que jugó unos metros retrasado, lo ayudó para recuperar su forma y ser la figura:
Sergio Romero: siempre respondió bien, brinda seguridad. No sólo por la atajadas, sino que cuando amerita jugar la pelota por bajo, lo hace. Si tiene que recurrir a un pelotazo, también tiene criterio. Cortó varios centros aéreos y hasta evitó un potencial gol en contra de Garay, que hubiera sido absolutamente desafortunado. Una garantía.
Pablo Zabaleta: más allá de que se afirmo en los marcajes, fue importante en el gol. Pisó el área de Bélgica y sirvió de distracción para que los centrales se meten hacía adentro e Higuaín defina con espacios. Lidió con las subidas de Vertoghen y luego con el ingreso de Mertens. De menor a mayor en este torneo.
Martín Demichelis: importante. Aportó la estabilidad que faltaba en la pareja de centrales. Acorraló siempre, evitó que el dueño de la pelota de turno gire con facilidad y los alejó del área. Tiempo y forma correcta para cortar avances, para dar el primer pase y para rechazar de cabeza. Un buen cambio.
Ezequiel Garay: siempre firme en el juego aéreo y sacrificado en los marcajes. La compañía de Demichelis lo favoreció, le dio mayor respaldo a sus esfuerzos. Casi hace un autogol, pero con la intención de impedir un centro.
José Basanta: mucho menos profundo que Marcos Rojo, pero llegó al fondo con eventualidad. El oficio que no tiene para pasar al ataque, lo suple con marcajes correctos. Su sector fue el menos transitado, pero cumplió. Tenía que reemplazar a uno de los puntos más altos del último partido y lo hizo sin cometer errores trascendentales.
Ángel Di María: comenzó de volante por derecha, para recortar hacia el centro y patear de media distancia. De todos modos, su remate era muy previsible y no peligró con ese recurso. Se mostró constantemente para el pase largo con algunos piques. Sintió una molestia en una corrida y tuvo que ser reemplazado.
Lucas Biglia: integró el pivot con Mascherano, funcionó como primer pase y sirvió para la descongestión. Corrió, complementó en los quites y funcionó como doblo marca. Esa presión fue necesaria para que el retroceso sea efectivo.
Javier Mascherano: la voz de mando del equipo. Es imprescindible por su despliegue, sacrificio, capacidad de marcaje y orden táctico en el repliegue. No dejó de motivar y arengar al resto. Contagia con palabras, pero también con hechos. Es muy importante para dar equilibrio al equipo.
Ezequiel Lavezzi: recostado en la banda izquierda. Más comprometido con la marca, que con la ofensiva. Estaba tan pendiente de las escaladas y de los desbordes que no aprovechó el hueco ocasional del lado derecho de la defensa belga. Tuvo mucha disciplina, se notó el desgaste. Eso, y algunos golpes, lo hicieron salir en los últimos minutos.
Lionel Messi: tuvo libertad total delante de los mediocampistas argentinos. Fue la preocupación constante para Witsel y Fellaini. No actuó como explosión para los últimos metros, sino que se hizo cargo de la gestación. Desde el círculo central, asistió, armó el juego, construyó el circuito y hasta colaboró en esporádicas recuperaciones. No logró vencer a Courtois en una de las últimas del partido, pero tuvo un rendimiento destacado.
Gonzalo Higuaín: mostró su mejor versión en la Copa del Mundo. Tuvo doble trabajo. Mantuvo su rol de referencia, de servir como rebote de espaldas al arco, pero con muchas más libertades. Retrocedió unos metros, lo que le dio lugar para girar y tener campo delante. De hecho, llegó de atrás en el gol. Se lucio, estuvo intratable. Logró que las gradas del estadio Mané Garrincha coreen su nombre varias veces y se despidió entre aplausos. Fue la figura.
Enzo Pérez: entró para reemplazar a Di María. Lógicamente, con menos improvisación y más orden táctico. Estuvo pendiente del retroceso, sobre todo de la proyección de Vertoghen, que era un recurso muy utilizado por Bélgica.
Rodrigo Palacio: siempre en la banda. Primero ayudó a Basanta, y cuando salió Higuaín, generó algunos avances importantes. Dejó a Messi frente a Courtois.
Fernando Gago: entró los últimos 10 minutos para colaborar en la mitad del campo y dar respaldo a Mascherano y Biglia en las coberturas.
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