"El día que matamos a ese pedófilo fue el mejor de mi vida", confesó Christine Moody, visiblemente contenta. Poco le importó enterarse de que iba a pasar el resto de su vida en la cárcel.
"Nos vemos luego, pervertidos", les gritó Jeremy, su marido, a los familiares de sus víctimas.
Esta pareja de Carolina del Sur, Estados Unidos, se declaraba skinhead y racista, y militaba en un grupo supremacista blanco. Tras muchos años de predicar su odio contra quienes amenazaban sus valores, decidieron pasar al acto y librar una guerra santa contra los abusadores sexuales.
Su primer blanco fue Marvin Parker, un hombre de 59 años anotado en el registro público de predadores sexuales. Su esposa, Gretchen Dawn Parker, "fue una baja producto de la guerra".
Jeremy le pegó un tiro a cada uno. Christine los degolló para terminar de matarlos.
Al comenzar el juicio la pareja se mostraba arrepentida y sus abogados intentaron conseguirle una condena a 30 años de prisión, "para que pudieran ver a sus hijos crecer". Pero al escuchar la sentencia a dos cadenas perpetuas consecutivas, expresaron cómo se sentían de verdad.
"Eso es lo que les pasa a los abusadores de menores. Tuvieron exactamente lo que se merecían. De haber podido lo habríamos hecho nuevamente", dijo Jeremy.
"No siento arrepentimientos. Fue el mejor día de mi vida", dijo Christine. Luego se besaron en frente del jurado.
El matrimonio tenía en mente
. "¡Qué pena que no pudimos matar a más!", se lamentaron.