Cristiano Ronaldo, la estrella que mostró sus lágrimas en la cima

Se emocionó y rompió en llanto cuándo recibió el Balón de Oro. Tildado de arrogante y vanidoso, el portugués sacó un costado humano que pocos conocen

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Se emocionó y rompió en llanto cuándo recibió el Balón de Oro. Tildado de arrogante y vanidoso, el portugués sacó un costado humano que pocos conocen

Mientras Pelé tenía el sobre en sus manos, reía y buscaba complicidad con Platini y Blatter. Le puso suspenso, pero finalmente anunció que Cristiano Ronaldo recuperaba el Balón de Oro. Volvió a la cima del fútbol, pero en lugar de ponerse el traje de estrella para subir a recibir el premio, mostró su costado humano.

Siempre fue un hombre calificado como arrogante, frío, vanidoso, al que el presidente de la FIFA comparó con un "comandante". Blatter lo imitó como si fuera un robot y no tuviera alma. Ocasionalmente ha despertado odio por festejos individualistas, reclamos a compañeros dentro del campo, y declaraciones sobradoras fuera.

     

Los fanáticos de Cristiano le contestaron a la imitación de Blatter con un video.

Pero el Cristiano que hoy se cuelga el cartel de "mejor futbolista del mundo" es el producto del trabajo y máxima exigencia en un humilde joven de Madiera. Se crío en uno de los barrios más pobres de Funchal, la capital de la isla. Y si alguna vez soltó un ademán insolente, es porque no tolera las frustraciones. Es un ganador nato, inconformista por naturaleza.

Lidió con un padre alcohólico (murió en 2005 por una crisis renal generada por el exceso) y un hermano que tuvo problemas de las drogas.

Ronaldo es el mismo que se convirtió en estrella y usó su salario, uno de los más caros del mundo, para colaborar con su pueblo luego de un temporal que en 2010 provocó la muerte de 48 personas y más de un centenar de heridos.

Los 40 goles que le dieron la Bota de Oro en 2011, sirvieron para subastar el premio posteriormente y donar 1,5 millones de euros a los niños afectados por el conflicto en la Franja de Gaza.

En 2012, conoció a Nuhazet, un pequeño de Las Palmas que tenía cáncer. CR7 costeó su tratamiento y siempre estuvo cerca de la familia al igual que se representante, Jorge Mendes. El jovencito falleció en marzo de 2013, pero la familia nunca dejó de agradecer a Ronaldo por la preocupación.

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CR7 en uno de sus tanto encuentros con Nuhazet, el chico al que le pagó los tratamientos contras el cáncer

En la última gira de pretemporada del Real Madrid, se abrazó con un intruso en el partido con Chelsea. Le regaló su camiseta al finalizar el partido y lo protegió de la seguridad. Poco tiempo después pasó por Indonesia y se convirtió en embajador de una entidad que promueve a jóvenes deportistas.

La lista podría extenderse pero el punto está en la faceta que el portugués, de cuerpo de supermodelo, autos lujosos, éxito deportivo y millones en el banco, mostró cuando volvió a consagrarse como futbolista. Rompió con el molde de hombre frío.

Lo cuenta Mendes, su manager, en una columna que escribió para Marca: "El Cristiano que yo conozco, es el que estaba en la Gala de la FIFA y al que millones de personas pudieron observar. Es el Cristiano humano, sensible, humilde y genuino. Es un ejemplo de abnegación, de voluntad, de determinación y de dedicación. En este aspecto, muy pocos saben el trabajo que hace diariamente, que no se ve y que termina por ser fundamental."

 AFP 162
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La solidaridad, simpatía y emotividad florecieron en Zúrich. Cristiano agachó la cabeza, besó a su novia, caminó tímidamente al trono y no pudo evitar las lágrimas al ver a su hijo, su madre y el resto de su familia.  Lloró cuándo quedó eliminado de la Eurocopa 2004 o cuándo se despidió del Mundial 2006. Pero esas fueron frustraciones. Llorar de la emoción fue mostrar su lado más sensible.

Si no fuera por la contemporaneidad de Messi, probablemente, hablaríamos del cuarto o quinto Balón de Oro para Cristiano Ronaldo. Un hombre que demostró ser un 'fuera de serie' dentro del campo de juego, que aparenta arrogancia, pero que no le importó mostrar sus lágrimas aún en su momento más altanero, el de llegar a la cima.