"Una mujer que mata a su hijo es incapaz de sentir culpa"

Lo dijeron especialistas al hablar sobre el filicidio, crimen que en 24 horas tuvo a dos niñas como víctimas. Priscila y Luciana, de 7 y 3 años, fueron asesinadas a golpes por su madre. Ambos casos sacuden al país por lo aberrantes y alertan sobre el maltrato infantil y el accionar de la Justicia, abriendo un interrogante: ¿cómo puede una mujer matar a sus hijos?

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Se dice que no hay vínculo más amoroso que el de una madre con su hijo y que ese lazo de amor es capaz de traspasarlo todo, pero ¿qué hace que se quiebre o que directamente nunca se produzca?. En 24 horas dos casos estremecieron al país, y se agrupan con otros tantos, con un interrogante que parece no tener respuesta: ¿cómo puede una madre matar a su hijo?


Entre la cantidad de actos incomprensibles que algunas personas pueden cometer, asesinar es uno de ellos. Que la víctima mortal sea un niño, vuelve al hecho más cruel y estremecedor. Pero que ese pequeño sea el propio hijo, no tiene calificativos. Apenas una palabra pudo inventarse para darle un marco de análisis psicológico y tratar de entender esa aberración.


La psicología define al filicidio como "un delito que consiste en atentar contra la vida y que es cometido por un progenitor (padre/madre) hacia un menor hijo propio". En el derecho penal, se habla de "crimen agravado por el vínculo". Pero en nuestras cabezas solo da vueltas la idea de que un niño golpeado, quizás hasta sexualmente abusado, no puede imaginar siquiera que ese adulto que lo somete puede llegar a asesinarlo.


"Una mujer filicida carece de sentimientos y de compasión"

Miguel Angel Maldonado, médico psiquiatra forense, analizó los recientes casos de filicidio para Infobae: "Estamos hablando de madres comprendidas dentro de los amplios limites de la normalidad, que se escapan a la media, que tienen trastornos de la personalidad, donde factores externos, como la presencia alcohol, es una constante en el condicionamiento del proceder. Esto las torna insensibles afectivamente y carentes de sentimientos altruistas; por eso eliminan a sus propios hijos para vengarse del padre".


Según Maldonado, para estas mujeres propinar golpizadas despiadadas es una acción justificada y por la que no expresan una pizca de remordimiento. Por ello, no es de extrañar que entre esos castigos hayan sido cómplices de todo tipo de abusos y usos de esos niños. El extraño amparo de sus mentes es la venganza.


"Creen que tienen justificación para golpear a los hijos, pero cuando se les va la mano y terminan matándolos, entonces, los tienen que hacer desaparecer. Piensan así porque son personalidades muy rústicas y primitivas que coinciden por la escasa vibración", definió el psiquiatra.


"Pero este rasgo no las hace inimputables. Saben perfectamente que lo que hacen es repudiado y castigado jurídicamente y eso no les alcanza para frenar el impulso de golpear", agregó, y sostuvo que este tipo de personalidades "no distingue un objeto de un humano" y por ello tienden a cosificar a cualquier persona. Tampoco tienen la concepción de "la inviolabilidad de la persona", no sienten culpa, purgan su condena y no aprecian el vivir en libertad porque no les es diferente a vivir en una cárcel, donde la propia rusticidad es algo cotidiano y prima la ley del más fuerte.


"Si además de esos rasgos de personalidad se suma que tienen poca vibración emocional y muy pobres idealizaciones afectivas, hacen a un combo de persona capaz de hacer eso, mata a su propio hijo", finalizó.



"Los niños agredidos nunca sospechan su trágico desenlace porque siempre quieren que sus padres los quieran"

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Ubicarse en el lugar del niño golpeado es necesario para entender lo que padecen en soledad, enfrentando sus temores y pensamientos frente a esa mano que solo pega y nunca acaricia. Silvina Naya, psicóloga especialista en niños y directora de contenidos del portal De Familias, respondió a este medio si eso pequeños tienen conciencia de lo que viven y si pueden llegar a imaginar, en sus cabecitas inocentes, el trágico final.


"En los casos de violencia llevados al extremo, el gran problema es la dependencia emocional de los hijos con los padres agresores porque tienen necesidad de ser aceptados. Es por eso que no se dan cuenta de que son agredidos y sólo buscan la aceptación. Buscan ser queridos", explicó Naya, y aseguró que esos pequeños saben que cualquier cosa que hagan estará mal y llegará "el reto, y ese reto es el lenguaje con el que aprenden porque ellos mismos consideran que se portan mal".


Una de las explicaciones más lamentables pero reales en el caso del filicidio es que las víctimas son vistas como objetos y por eso se los cosifica. Cuando un objeto no gusta, se lo tira. En ese contexto, a veces el niño maltratado queda evidenciado en la escuela donde, por su propio comportamiento, refleja lo que vive en casa.


¿Por qué pasa esto? Muchas veces es por la ausencia total de la institución familiar. "La familia no tiene las herramientas para entender lo que es un hijo y de fondo se esconde una patología y una personalidad perversa". Volviendo a la pregunta inicial, los chicos no llegan a percibir que están en riesgo de vida y cada vez que esa madre se acerca, esperan un gesto de amor.


"Los agresores no se dan cuenta de que maltratan, en general es un estilo de pensamiento muy rígido y tienden a mirar con su mirada propia y consideran que todo lo que pasa es culpa del objeto que los enoja". Ante ese panorama y con el triste agregado del silencio de los menores y el poco compromiso de terceros, el desenlace es casi anunciado.



Priscila y Luciana fueron devueltas a sus madres por la Justicia

Muchas veces, nos enteramos de muertes que se iniciaron en golpes y maltratos que no habían sido denunciados; allí se pone la queja sobre el testigo silencioso o tercero que actúa por omisión (decide no ser parte y no hace nada). Pero, en el caso de estas niñas, hubo quien se comprometió por ellas aunque una voz decidió que las madres eran quienes estaban aptas para cuidarlas. El padre de Priscila pedía su tenencia, pero hace solo dos meses la nena fue devuelta a su madre. La tía de Luciana tuvo su custodia luego de que su abuela denunciara que la niña era golpeada, pero alguien creyó que con la madre estaría bien. Ambas fueron asesinadas.


Aquí se abre otro penoso interrogante: ¿quién protege a los niños de esas madres? ¿Por qué estas niñas fueron devueltas a esas mujeres?



Teorías que pretenden aclarar el tema
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El psiquiatra estadounidense Phillip Resnick hizo una clasificación sobre esta forma de crimen: "En la categoría de filicidio altruista se incluyen los casos de trastornos depresivos mayores, depresiones psicóticas e incluso psicosis. Es esencial saber diferenciar en estos casos si se está ante motivaciones altruistas o ante trastornos de tipo delirante", señaló, y hasta aseguró que las madres que cometen este tipo de actos "coinciden en considerarse buenas madres, no llegando a comprender cómo han podido cometer tal crimen".


Siguiendo a este autor, en esa categoría distingue dos subtipos diferenciados. Por una parte, el filicidio altruista asociado con el suicidio del agresor y, por otra, el filicidio que se comete para aliviar el sufrimiento de la víctima. En el primero, quienes agreden alegan un profundo sufrimiento personal que les hace querer suicidarse y consideran, además, que no son capaces de dejar a sus hijos solos en el mundo sin ellos, por lo que suelen acabar con las vidas de los hijos antes de suicidarse. En el segundo caso, el progenitor decide acabar con la vida del hijo con el fin de aliviar algún tipo de sufrimiento, real o imaginario, en la víctima".


Sorprendentemente, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, nunca habló de filicidio porque, desde la perspectiva psicoanalítica, matar a los hijos no es más que una metáfora del odio parricida: la rebelión –más o menos institucionalizada, más o menos caótica– contra el orden que impone la figura del padre. "No olvidemos que, de acuerdo a la tesis que sostiene en Totem y Tabú, el pacto a partir del cual se constituye la sociedad se funda en el crimen del padre primordial. Poco importa, entonces, si tal asesinato cuenta o se apoya en una verdad histórica; de lo que se trata es de la materialidad que pesa sobre la realidad psíquica de las personas. Para ser claros: el temor que toda mamá experimenta, por ejemplo, al asomarse con su bebé en brazos a una ventana se nutre de un oscuro y arcaico impulso", escribió el psicólogo Sergio Zabalza, en su texto Niños liquidados.


"No sin razón, alguien bien podría objetar que el asesinato de niños para vengar una traición amorosa forma parte del trágico acervo de la humanidad. Basta apelar a la mitología griega para constatar que Medea mata a sus hijos con el solo fin de dañar a Jasón, su infiel marido", culmina Zabalza.