El Stade d'Agadir se cargó de expectativa cuando el campeón de la Champions League se hizo presente en el campo de juego. Con todas sus figuras, el Bayern Munich entusiasmó al centenar de alemanes que acompañó a su equipo y a los miles de africanos que observaban a los jugadores que habitualmente los siguen por televisión.
La superioridad de los europeos ante el humilde Guangzhou era tan notoria, que el monólogo establecido en el terreno llevaba a que el partido se disputara en el área de Zeng Cheng. Así, las constantes intervenciones de Ribery y Thiago Alcántara auguraban el primer festejo de la tarde. Un remate del español al poste y otro de Toni Kroos al travesaño confirmaban el presagio.
De todos modos, recién a los 40 minutos uno de los aspirantes al Balón de Oro pudo abrir la cuenta. El francés Ribery apareció por el sector izquierdo de la defensa y con un tiro cruzado anotó el 1 a 0.
El constante trabajo asiático se desvanecía ante el cambio en el marcador. Por lo tanto, cuando todavía no se habían recuperado del golpe recibido, Mario Manzukic extendió la cuenta. El croata aprovechó un punzante centro de Philipp Lahm y conectó el 2 a 0. El pasaje a la final del Mundial de Clubes estaba sellado antes de irse al descanso.
En el inicio del complemento, los bávaros no mostraron piedad ante la inferioridad china y, 120 segundos después de la reanudación del duelo, Mario Götze dejó sin posibilidades al arquero asiático con un disparo al ángulo. La notable pegada del alemán sentenció un partido que estaba liquidado con mucho tiempo de antelación.
El pitazo final de Bakary Papa Gassama depositó al Bayern Munich en la final del certamen, donde se enfrentarán al ganador del choque que protagonizarán Atlético Mineiro y Raja Casablanca. En cambio, el Guangzhou tendrá la posibilidad de reivindicarse en su próximo compromiso, en el que buscará la medalla de bronce.