Filipinas: después del tifón, el hambre

Miles de personas deambulan por calles devastadas en busca de alimentos. Hay graves riesgos sanitarios y crece el número de muertos

Reuters
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AFP 163

El tifón de Filipinas perforó profundamente el corazón del país asiático. Además de los casi 10.000 muertos que habría dejado el fenómeno natural, miles de sobrevivientes piden ayuda y buscan alimentos, agua y medicinas, amenazando con sobrepasar los recursos militares y de rescate.

Luego de que el presidente Benigno Aquino desplegó cientos de soldados en la ciudad costera de Tacloban para contener los saqueos, reportes mostraban escenas de destrucción en una ciudad de otra región que no ha sido alcanzada por los equipos de rescate o las Fuerzas Armadas.

El Gobierno no ha confirmado las estimaciones de los funcionarios durante el fin de semana de 10.000 muertos, pero la cifra de víctimas fatales de Haiyan, una de las regiones más golpeadas por el tifón, es claramente muy superior a la cifra oficial actual de 255.

Las Fuerzas Armadas en el centro de Filipinas reportaron, el lunes, un saldo de 942 muertos. "La situación es mala, la devastación ha sido significativa. En algunos casos, la destrucción ha sido total", dijo el secretario del Gabinete, Rene Almendras, en una conferencia de prensa.

Las Naciones Unidas dijeron que funcionarios en Tacloban, que se llevó la peor parte de la tormenta el viernes, habían reportado la existencia de una fosa común que contenía entre 300 a 500 cuerpos.

Más de 600.000 personas fueron desplazadas por la tormenta en todo el país y algunas no tienen acceso a alimentos, agua o medicamentos, según dijo la ONU.

Arrasada por las olas y vientos de hasta 378 kilómetros por hora, Tacloban, ubicada a 580 kilómetros al sureste de Manila, dependía casi exclusivamente para suministros y evacuación de sólo tres aviones militares de transporte que volaban desde la cercana ciudad de Cebu.

Decenas de residentes clamaban ayuda en las puertas del aeropuerto. "Ayúdennos, ayúdennos. ¿Dónde está el presidente Aquino? Necesitamos agua, estamos muy sedientos", gritó una mujer.

"¿Cuándo van a retirar los cuerpos de las calles?". Se estima que Haiyan destruyó cerca del 70 al 80 por ciento de las estructuras a su paso mientras avanzaba por las provincias costeras de Leyte y Samar.

En tanto, el daño en la zona que cultiva cocos y arroz podría ascender a más de 3.000 millones de pesos filipinos (69 millones de dólares), dijo Citi Research en un reporte, con "pérdidas enormes" para la propiedad privada.

La mayor parte de los daños y las muertes se debieron a las enormes olas que inundaron las ciudades y pueblos costeros, barridos en escenas que los funcionarios compararon con el tsunami del océano Índico de 2004.

Asimismo, los cadáveres se amontonaban en las calles de Tacloban, descomponiéndose e hinchándose bajo el sol, lo que se suma a los riesgos sanitarios.

Las agencias de ayuda internacionales dijeron que los recursos de ayuda en Filipinas eran escasos después de un terremoto de magnitud 7,2 grados en la provincia central de Bohol el mes pasado y el desplazamiento causado por el conflicto con los rebeldes musulmanes en la provincia sureña de Zamboanga.

Las operaciones también eran obstaculizadas porque las carreteras, aeropuertos y puentes habían sido destruidos o estaban cubiertos por escombros. Amenazando con agravar la crisis en la zona empobrecida, se pronostica que una depresión tropical llegaría a la región tan pronto como el martes, generando fuertes lluvias.

Awelina Hadloc, la dueña de una tienda, buscaba fideos instantáneos en un almacén que estaba casi vacío tras los saqueos. Ella dijo que su tienda había sido arrastrada por una marejada de 3 metros.

"Es muy difícil. Es como si estuviéramos empezando de nuevo", dijo la mujer, de 28 años de edad. "No hay suministros en el almacén y los centros comerciales", agregó.

Aquino, que enfrenta uno de los mayores retos de su mandato de tres años, desplegó 300 soldados y policías para restablecer el orden en Tacloban después de que los saqueadores arrasaron varias tiendas.

Por su parte, el presidente, que antes de la tormenta dijo que el Gobierno apuntaba a cero muertos, se ha mostrado exasperado por los reportes oficiales contradictorios sobre daños y fallecidos. Una cadena de televisión lo citó diciendo al jefe de la agencia de manejo de emergencias que se le estaba acabando la paciencia.