El tiempo pasó pero los "amigos" del Gobierno en la batalla contra los holdouts siguen siendo los mismos. El nuevo plan que circula para resolver la deuda en default tiene un exponente clave: Robert S. Koenigsberger. Es el dueño de Gramercy, un fondo de riesgo que en 2010 aportó 3.000 millones de dólares a la reapertura del canje de deuda. Fue el primero en dar el consentimiento a esa operación de la mano de Arcadia (salpicada judicialmente por tráfico de influencias y ligada a Amado Boudou), lo que disparó otro aluvión de aceptaciones que lograron salvar una operación que venía complicada. "Es uno de los pocos financistas del exterior que era escuchado por Néstor Kirchner", cuentan diversas fuentes.
Pero este estadounidense de menos de 50 años, incansable defensor de la Argentina en los tribunales (presentó varios escritos a favor de la Argentina, conocidos como amicus curiae), es quien ahora tiene la tarea de fogonear un plan para evitar un nuevo default del país. Gramercy y otros fondos, sumado a un consorcio de abogados, está impulsando un acuerdo entre el 93% de los bonistas que aceptaron las reestructuraciones de deuda (2005 y 2010) y los denominados fondos buitre liderados por Elliott Management de Paul Singer.
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La idea sería que esos bonistas que tomaron los canjes acepten ceder parte de los pagos futuros (por los próximos 5 años) de sus títulos en beneficio de los fondos buitre. La teoría es que, dado que el Gobierno no puede mejorar la oferta a los holdouts, sean los acreedores quienes hagan una especie de "vaquita" para comprar el juicio de Elliott y Aurelius. Pagarles a los fondos para que desistan de seguir litigando y eventualmente se condene al país a otro default, costaría unos 1.000 millones de dólares o menos.
Pero la cuenta que hacen allegados es que debería ascender a 10.000 millones si se quiere terminar con todos los litigios. Sucede que del 7% de la deuda aún con default, 5% espera o tiene sentencia a favor en Nueva York y sólo 2% representan los fondos buitre que ahora están más cerca.
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Si el Gobierno quisiera evitar que estos otros bonistas ejecuten sentencias después de terminar la saga con Elliott, tiene que pagarle a todos (o sea el 7% que está quedando). De esos bonistas aún desconocidos públicamente, hay 2.000 millones de dólares en manos de inversores italianos con fallos a favor en Manhattan. Estos perdieron en los tribunales de Italia pero siguieron la causa en el CIADI (tribunal del Banco Mundial), que la tomó por un convenio entre ambos países, y terminó en el juzgado de Thomas Griesa quien le dio curso.
Por eso, lo que se le recomendaría al Gobierno sería que el plan que finalmente se ponga en funcionamiento (aún no hubo respuesta o venia de Hernán Lorenzino a todo esto) trate de sumar la mayor cantidad de holdouts. De otra manera, el Gobierno sólo estaría comprando tiempo.
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Sea como fuese, la estrategia que encaran los fondos "amigos" del Gobierno para convencer a sus pares de ceder ganancias para pagarle a los buitres (y por ende evacuar el riesgo de un default de toda la deuda), tiene un abanderado.
Koenigsberger envió a un economista argentino, Gustavo Ferraro, a empezar las negociaciones con el resto de los fondos. Ferraro conoce bien el paño ya que trabajó en Barclays Capital en 2010 para el Gobierno, cuando trabajaron la reapertura del canje.
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En ese mismo año, el dueño de Gramercy se jactaba de tener línea directa con Néstor Kirchner. El ex presidente era quien definía las condiciones del canje, o sea si la oferta iba a ser más o menos beneficiosa para los holdouts. En ese momento, Koenigsberger tuvo un tironeo con Kirchner cuando éste quitó ciertos atractivos a la oferta. "Eso no es lo que habíamos hablado. Decile que esto no es así", lanzó el financista a una persona que debía repetir textualmente eso al ex presidente.
Según cuentan allegados a esas negociaciones, el titular de Gramercy era escuchado y tenido en cuenta por Néstor Kirchner a la hora de pulir cuestiones menores de la oferta. "Era un referente al cual él (por Kirchner) le tenía respeto. Sabía que el canje se jugaba si su fondo aceptaba o no", contó un participante de esas operaciones. El contacto no era en persona sino a través de emisarios de ambos lados.
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Ahora, el representante de Koenigsberger es quien está impulsando el acercamiento con otros bonistas para evitar un default. Las necesidades de Gramercy para hacer punta en esto son puntuales. El fondo está con muchas inversiones en Argentina, en concepto de bonos, y recientemente compró parte en los juicios que tenía el país en el CIADI, según informó Clarín.
"Son fondos muy relacionados con el Gobierno desde hace mucho tiempo. No me extraña que estén detrás de esto. Pero la realidad es que para otros acreedores, una operación así es casi impracticable", señalan desde otro fondo que recién canjeó su deuda en default en 2010. Hay más de 200 fondos que deberían aceptar ceder dinero en favor de los buitre para que tuviera éxito la iniciativa.
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De muy bajo perfil, Koenigsberger suele venir a Buenos Aires de vez en cuando pero se aleja completamente de lugares donde pueda ser reconocido. "Sabe que en Argentina los medios pueden fotografiarlo y no es precisamente lo que él quiere", relató un banquero que estuvo en varias ocasiones con el hombre fuerte de Gramercy. Cita a los funcionarios en su hotel y se maneja con total reserva. Es sobre quien, al final de cuentas, están depositadas las esperanzas del Gobierno.