Otra vez el subte. Y otra vez la línea B. Ahora, una formación se quedó en la estación Medrano por un problema técnico y los usuarios descargaron su furia contra los trabajadores, que esta vez no tuvieron nada que ver con la suspensión del servicio. Sin embargo, la bronca de la gente es un acto reflejo por las constantes medidas gremiales que afectan al transporte.
El delegado Claudio Dellecarbonara informó que el gremio es ajeno a la interrupción del servicio y responsabilizó al gobierno, que compró formaciones a España que no fueron adaptadas para correr en los carriles de la red de la Argentina. Como consecuencia del desperfecto, la línea B funcionó por algunos minutos con un cronograma reducido entre Rosas y Medrano. Ahora ya se restableció el servicio, con algunas demoras.
La empresa Metrovías emitió un comunicado en el que informó: "Ante la imposibilidad de solucionar el desperfecto rápidamente, se decidió llevar a cabo una evacuación en la estación Pasteur de los pasajeros que iban a bordo, de acuerdo a las normas y procedimientos de seguridad operativa. Por eso se realizó un corte total de energía en la Línea y se convocó al SAME y fuerzas policiales; no hubo heridos".
No es la primera vez que los pasajeros reaccionan violentamente. Semanas atrás, en plena puja por la inauguración de las estaciones Rosas y Echeverría la gente también apuntó contra los trabajadores por un problema técnico. Hubo roturas menores, empujones y golpes que obligaron a la intervención de la Policía Metropolitana.
Esta vez, Metrovías y el gobierno de la Ciudad ordenaron evacuar la estación Medrano, en donde se dieron los principales problemas tras la falla técnica, y otras terminales en donde había miles de pasajeros esperando el subte para cumplir con sus obligaciones diarias.
El fin de semana también hubo inconvenientes en la línea B. Un operario del sector limpieza del Taller Rancagua del subterráneo porteño falleció después de ser atropellado por una formación que se dirigía en dirección a la estación Juan Manuel de Rosas.
Las redes sociales también fueron caja de resonancia del malestar de los pasajeros.