Comparaciones no tan odiosas: las crónicas de Arlt en Río de Janeiro

Una antología reciente compila las notas del escritor como corresponsal en Brasil. Del asombro al hastío, refleja la cotidianeidad carioca de los 30 y su contraste con lo porteño. Hoy se cumplen 71 años de su muerte

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"Cada vez me convenzo más que la única forma de conocer un país, aunque sea un cachito, es conviviendo con sus habitantes; pero no como escritor, sino como si uno fuera tendero, empleado o cualquier cosa. Vivir... vivir por completo al margen de la literatura y de los literatos". La cita fue extraída de una de las 40 crónicas que Roberto Arlt escribió durante su estadía en Río de Janeiro. Funciona, para quien desconoce su obra, como una advertencia para adentrarse en Aguafuertes cariocas (Editorial Adriana Hidalgo), la compilación que reúne las notas del autor cuando ofició como corresponsal en la emblemática ciudad brasileña.

Inéditas en formato libro, y prácticamente desconocidas para el público, las crónicas constituyen la primera experiencia periodística del escritor fuera del país. Por entonces, Arlt era un columnista popular del diario El Mundo, dedicado a contar historias de los personajes típicos de la Buenos Aires de principio de siglo. La ciudad y su bajomundo, formado por obreros, inmigrantes, borrachos, prostitutas, pendencieros, militantes anarquistas, entre otros sujetos ubicados en la base (y por fuera) de la pirámide social constituyeron, desde siempre, la materia privilegiada sobre la que trabajó el también dramaturgo y novelista.

Las crónicas de Río no escaparon a este paradigma. El director de la redacción, Carlos Muzio Saenz Peña, le encomendó al joven de 29 años replicar su columna cotidiana pero en el exterior. La posibilidad de "conocer los rincones más sombríos y más desesperados de las ciudades que viven bajo el sol del trópico", le entusiasmó a Arlt. Salió desde Buenos Aires el 10 de marzo de 1930, y llegaría el 2 de abril.

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En un principio fue todo novedad. Las meninas y su "delicioso" idioma, el paisaje, los postres, la educación tradicional y el "respeto para el hombre", la decencia de los pobres y los ricos lo conmovieron. "La vida, así, es muy linda", definía. El encuentro con un Otro distinto al porteño, menos "barullero", le ofrecía, por primera vez, una experiencia urbana vivible.

Con el pasar de las semanas, sin embargo, el autor cínico reaparece. Brotó el atraso, y el aburrimiento de un pueblo que recién hacía 42 años se liberaba de la esclavitud. Una ciudad virtuosa que duerme temprano y donde solo "se travalha". Sin teatros, sin crímenes, la nada corría el velo de Río de Janeiro. El relato intimista y personal, descriptivo, de las costumbres y de los usos brasileños, es desplazado por la crítica y la ironía sociológica. "¿Qué hago en esta ciudad tranquila, honesta, y confiada?", se preguntaba. El hastío llega hasta el punto de no saber sobre qué escribir.

Abatido, añora la civilizada y porfiada Buenos Aires: se descubre argentinófilo. Recuerda la vida política y cultural porteña, sus cafés, sus personajes. La inquietud del obrero de los barrios, la agresividad del porteño, contrasta con la estrechez e irritante amabilidad del "senhor", del "funcionário" carioca. Reflexiona y se reconcilia con su origen. "La ciudad de uno es una, nada más. El corazón no se puede partir en dos pedazos".

Después de dos meses de estadía, una noticia proveniente desde el Sur terminará con lo que ya se transformaba en una suerte de exilio. Arlt gana el tercer premio del Concurso de la Sociedad Argentina de Escritores por su novela Los siete locos, y deberá regresar al país para cumplir con el protocolo. Vuelve en hidroavión, aprovechando la inauguración de la conexión aérea Río-Buenos Aires. Las complicaciones y las fantasías de un probable accidente mortal cierran las notas de la travesía.

Hoy, cumplidos 71 años de su muerte, la antología de Arlt en Brasil constituye una nueva oportunidad para volver sobre una de las plumas más lúcidas e insolentes de la literatura argentina. Material que es también testimonio histórico de dos culturas populares que, pese al paso del tiempo, parecen prolongarse en el presente.

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