En un operativo conjunto entre la Agencia Gubernamental de Control del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Policía Metropolitana, se llevó a cabo en las últimas horas la clausura de un prostíbulo ubicado en la calle Ventura Boch 7284, en el barrio de Liniers, cuyo propietario sería una de las legendarias estrellas del programa de televisión Titanes en el Ring, el Gitano Ivanoff.
El local, decorado al frente con unos leones dorados, queda al lado de la casa del ex luchador, frente a la estación de ómnibus de Liniers, a pocos metros de la avenida General Paz. Fue cerrado tres veces por "desvirtuación de rubro", la última el 1 de junio. Aquel día la policía encontró en el lugar 13 chicas que ejercían la prostitución, la mayoría de nacionalidad extranjera.
Según informó hoy el diario Crónica, los comerciantes del barrio aseguran que el Gitano no sólo es dueño del prostíbulo, sino también de dos hoteles de la cuadra y unas casas mellizas donde vivían las chicas, a quienes se les cobraba un alquiler de 600 pesos por una habitación compartida.
"Hace un mes rescataron a las jóvenes, pero el negocio no terminó porque ahora les alquilan los cuartos de los dos hoteles a muchísimos africanos", denunció un vecino.
La denuncia había sido realizada por la ONG La Alameda y los vecinos de Liniers en el año 2011 y 2012. "Ese lugar funciona hace años, tiene volantes, y fue uno de los puntos que los vecinos presentamos cuando hicimos el mapa del crimen organizado. Es evidente que el Gitano Ivanoff se dedicaba a la explotación sexual de mujeres violando la ley de profilaxis y la actual ley de trata. Mi Refugio tenía hasta la clausura del mes de marzo una habilitación que no se corresponde con la realidad, porque camufla lo que la ley prohibe. Estaba habilitado como casa de bebidas, lunch y cervecería, pero se encubría un prostíbulo", dijo al diario Lucas Schaerer, miembro de la ONG denunciante.
El verdadero nombre del "Gitano Ivanoff" es Juan Carlos Torres. Su mujer, Sandra, salió de la propiedad del "Gitano" y negó todo ante la periodista de Crónica. Sostuvo que allí sólo había "un café bar", donde jugaban al pool, había shows con artistas de la bailanta, pero que no había proxenetismo. Recomendó incluso corroborarlo con los vecinos, pero fueron estos los que sostuvieron las versiones sobre actividades ilegales.
De hecho, uno de ellos aseguró que siempre hubo líos en el lugar, pero que no pasaba nada porque "estaban arreglados con la comisaría 44".