El Gobierno norteamericano acusó al Banco Canadiense Libanés (LCB en inglés) de un "plan internacional generalizado", por usar el sistema bancario de Estados Unidos para lavar ganancias del tráfico de drogas a través de África occidental, y regresarlas a las instituciones financieras libanesas con vínculos con Hezbollah.
El pago de 102 millones de dólares fue el arreglo después de una causa judicial iniciada por el gobierno de Barack Obama en 2011, informaron fiscales federales.
"Las ganancias del tráfico de drogas y la financiación terrorista a menudo crecen y fluyen juntos", dijo Michele Leonhart, director de la Oficina de Control de Drogas (DEA).
"El banco está conforme por haber llegado a un acuerdo con el Gobierno de los Estados Unidos, poniendo fin a meses de disputas legales," dijo Evan Barr, abogado del banco libanés, citado por el diario USA Today.
Los fiscales sostuvieron en documentos judiciales que el banco transfirió al menos US$329 millones a Estados Unidos para comprar coches de segunda mano, que luego fueron enviados a África Occidental.
El dinero de la venta de los coches y del producto del tráfico de drogas se envió al Líbano a través de operaciones de lavado de dinero controladas por Hezbollah, según los documentos judiciales.
El banco "jugó un papel clave en estos canales de lavado de dinero y llevó a cabo negocios con una serie de entidades relacionadas con Hezbollah", dijo la DEA en un comunicado de prensa.
El gobierno de EE.UU. considera a Hezbollah como una organización terrorista extranjera y prohíbe a las empresas estadounidenses hacer negocios con el grupo.
En 2011, el Departamento del Tesoro designó al banco libanés como un lavador de dinero. Argumentó que la entidad fue usada de forma rutinaria por los narcotraficantes para lavar dinero de América Central y del Sur, Europa, África y Oriente Medio.