Luego de que la cadena de tiendas Falabella fuese acusada de tercerizar la confección de sus prendas a talleres textiles que empleaban mano de obra extranjera esclava, la empresa decidió publicar una solicitada negando tales denuncias.
"En atención a las publicaciones recientes aparecidas en diferentes medios de comunicación, Falabella Argentina se ve en la necesidad de aclarar lo siguiente:
No es cierto que Falabella Argentina haya tercerizado la confección de prendas con talleres textiles en los que se explota laboralmente a inmigrantes en situación de vulnerabilidad.
No es cierto que decisiones del presidente de Falabella Argentina, o de cualquier otro funcionario o empleado de la compañía, hubieran dado lugar al trabajo esclavo para la confección de prendas que comercializa.
No es cierto que Falabella Argentina se hubiera valido de una firma proveedora para vincularse con talleres que explotan a personas vulnerables.
De las pruebas agregadas a la causa mencionada en las notas periodísticas se puede observar que desvinculan a Falabella Argentina de los delitos investigados, pues surge de aquellas que la compañía no tenía ningún tipo de relación con los talleres reputados como clandestinos. Las mismas personas que trabajan en esos talleres mencionaron no haber recibido de, ni haber entregado a Falabella Argentina prendas, ni telas, ni etiquetas de ningún tipo. Más aún, de las pruebas agregadas a ese expediente tampoco surge que las personas que trabajan en los talleres reputados clandestinos, estuvieran en condiciones de esclavitud.
Falabella Argentina ha colaborado, y lo seguirá haciendo, con la investigación, aportando toda la información que fuera requerida por el Sr. Fiscal, y que, como corresponde, se encuentra a disposición de la Justicia argentina".
La causa se inició el 20 de diciembre de 2012, cuando un funcionario de la Sección Penal de la Dirección Contencioso de los Recursos de la Seguridad Social de la AFIP denunció ante la Cámara Federal "el funcionamiento de dos talleres textiles clandestinos, ubicados en Quirós 3041 y San Nicolás 266, ambos de esta ciudad".
Según consta en el dictamen de la fiscalía, el funcionario señaló que allí trabajaban diez personas en condiciones de "empleados cama adentro", con un sueldo de aproximadamente 2.500 pesos –de los cuales 1.000 pesos eran retenidos para la comida y vivienda– y que las condiciones de higiene del lugar eran deplorables", añade la denuncia.
Tras las acusaciones, el fiscal federal Federico Delgado pidió la declaración indagatoria del titular de la conocida cadena, Juan Luis Mingo Salazar.
El planteo fue formulado en el marco de la causa 13354/12, que tramita ante el juez federal Claudio Bonadio, ante quien el fiscal reclamó además la indagatoria de los empresarios Héctor y Gustavo Mitelman, "los responsables de la firma que ofició de proveedora" de indumentaria para Fallabella, así como la de Robert Egber Tupino Yncacutipa, imputado de haber "montado un taller ilegal".
La investigación dispuesta por Delgado "confirmó el efectivo funcionamiento de ambos talleres textiles", mediante allanamientos ordenados por Bonadio que "se realizaron, en forma simultánea, el 12 de marzo de 2013".
Además de las precarias condiciones laborales, en los allanamientos fueron encontrados "bultos de ropa con etiquetas de Falabella, Sybilla y Americanino (las últimas dos son marcas propias de Falabella)".
Los funcionarios que realizaron los procedimientos constataron que los trabajadores –en su mayoría de nacionalidad peruana– "viven ahí, duermen ahí y confeccionan todo el tiempo… no salen mucho de la casa. Tenían cara de cansados, con ropa de trabajo, sucios. Aparte, el olor a encierro era terrible, no había ni una ventana abierta".
"Las condiciones de trabajo no eran buenas, era un lugar chico, sin televisor, mesa de comedor. No había privacidad en la casa. Trabajaban sin mucho descanso ni límite de horario porque en este tipo de talleres la gente cobra por cada prenda que confecciona", agregó otro testigo, que contó que les preguntó si conocían el barrio y "no conocían nada". "Me dio la impresión de que no salen mucho de la casa", observó.
Delgado describió la operatoria: "Podríamos afirmar que las marcas, en este caso Falabella, se nutren a través de terceros de talleres que explotan a personas vulnerables. La tercerización les permite no 'contaminarse' directamente con la objetualización de seres humanos y bajar los costos para aumentar la tasa de ganancia".
"Es decir, las empresas mantienen el trabajo de diseño, comercialización, imagen, moldería y corte, mientras que tercerizan la confección, terminaciones y planchado directamente en talleres clandestinos o a través de talleristas intermediarios", continuó su explicación el fiscal.
"Es evidente, entonces, que la dinámica de producción que se ha puesto al descubierto a través de la pesquisa revela la elección deliberada por un mercado informal para abaratar costos a través de terceras firmas, al precio de lucrar con la explotación de personas en una situación de vulnerabilidad tal que se vieron obligados a consentir la apropiación de su fuerza de trabajo para subsistir, en condiciones infrahumanas", resumió Delgado.