Desde este momento, Beatriz vuelve a ser oficialmente princesa de los Países Bajos y regresará al palacio Drakensteyn, cerca de Utrecht, donde pasó 14 felices años junto a su marido y sus tres hijos. El puesto de jefa de Estado fue para ella mucho más que un deber: "Siempre me pareció un privilegio poder dedicar una gran parte de mi vida a servir a nuestro país", dijo en enero, cuando anunció su decisión de ceder el trono.
En sus comienzos, la joven reina de rostro sonriente no lo tuvo fácil. Durante su coronación, en 1980, hubo graves enfrentamientos entre activistas del movimiento okupa y la policía. Ya en 1966, la entonces princesa había sido muy criticada por casarse con un alemán, aunque rápidamente el príncipe Claus se ganaría el aprecio de sus nuevos compatriotas.
Aquel no fue su único obstáculo: la monarquía en aquellos años era todo menos estable debido a los numerosos "affaires" de su padre, el príncipe alemán Bernardo. Pero la reina, que ahora tiene 75 años, trabajó firmemente por la supervivencia de la institución. Al contrario que en otras casas reales, como los Windsors, los Oranje apenas han protagonizado escándalos.
Cuando en 1945 Beatriz regresó a Holanda con su familia, exiliada en Canadá, tenía siete años y tuvo que aprender a conocer el país. Aquella tarea no terminaba nunca: la entonces princesa heredera se preparaba para ser reina con recepciones, en el Consejo de Estado, estudiando derecho en la Universidad de Leiden... pero no sólo. Cubierta con gafas y un velo, incluso paseó por el barrio rojo de Ámsterdam con el Ejército de Salvación."Presidenta de la junta general de los Países Bajos S.A.", se la llamaba de broma, pero también como reconocimiento. Su predilección por los sombreros y las hombreras marcadas le iban como anillo al dedo para esa especie de uniforme. Ningún primer ministro se planteaba no ir preparado a su reunión semanal, pues Beatriz se había leído todas las actas y tenía siempre una opinión clara.
Una "adicta al control", según las críticas de periodistas. Pero la monarca, que siempre luce un inmaculado peinado ahuecado, también tuvo que hacer frente a momentos personales difíciles. Tras la muerte de su marido, en 2002, y la avalancha de nieve que sepultó a su segundo hijo, el príncipe Friso (en coma desde 2012), la reina mostró su lado más humano.
A muchos holandeses les resultará difícil imaginarse a Beatriz, de 75 años, jubilada. Pero seguro que no le sobrará tiempo: a partir de ahora, podrá dedicarse a su pasión, la escultura, y a disfrutar de sus ocho nietos.
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