Se acerca el día en que por primera vez en la historia de nuestro país, una argentina accederá a formar parte de la realeza.
En los Países Bajos, todo está listo para la gran ceremonia de entronización, el próximo 30 de abril. Pero aquí, en el barrio porteño de Recoleta, los Zorreguieta continúan como si nada.
Es que, por el cargo que tuvo Jorge (85), el padre de Máxima (42), durante la dictadura, pesa sobre él la prohibición de participar de cualquier acto público que la tenga a su hija como protagonista. El Parlamento holandés así lo había solicitado, y Máxima dio su consentimiento. Por eso, nadie de la familia planea viajar a Holanda para la ceremonia.
María del Carmen (71) y Jorge se casaron en 1970 y desde entonces viven en su departamento de la calle Uriburu, entre Arenales y Juncal, al lado del mismo supermercado donde la señora hace las compras, de joggins, con la bolsa ecológica en la mano y la tarjeta de descuentos.
"¿Con esta tarjeta tengo el veinte", preguntó María del Carmen en las cajas de Disco.
"Los Zorreguieta-Cerruti Carricart podrán tener apellido, pero no son 'gente de plata'. No tienen cuentas en Suiza, departamentos en Puerto Madero, autos de lujo, veranos en Punta del Este ni aviones privados", le habría confiado alguien cercano a la revista Gente.
Según cuentan quienes los conocen, en estos 11 años que pasaron desde que Máxima accedió a la corona holandesa, nunca cambiaron su estilo de vida.
En el departamento de Recoleta, de 180 metros cuadrados, la pareja vive con Inés (28), la hija más chica que habría sido dada de alta luego de una internación en la clínica Avril, por sus desórdenes alimenticios.
Jorge, o "Coqui", está jubilado. Fue secretario de Agricultura del último gobierno militar. Hoy preside la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay, ubicada en la calle Roque Sáenz Peña de esta capital.
Si sale solo, lo hace en colectivo. Suele tomar el 152 o el 130, asegura Gente. Aunque cuentan con un Volkswagen Country que maneja María del Carmen.
Juntos pasan fines de semana en el barrio privado Pingüinos de Ituzaingó, en lo de Federico Brown o en una casa rentada allí para la ocasión.
La señora suele salir también a tomar el té "con amigas de la vida". Pero cuando le preguntan sobre su hija Máxima –dicen–acata la orden de su hija: hablar lo menos posible.