Como alguna vez le ocurrió a Lionel Messi en la Selección Argentina, las críticas nacionalistas cayeron sobre otro jugador que no canta el himno de su seleccionado. Karim Benzema está en el ojo de la tormenta en Francia por no entonar La Marsellesa en la previa de los partidos.
El delantero del Real Madrid habló con la radio francesa RMC sobre la selección gala y los que lo acusan de no entonar el himno francés. "Nunca he cantado La Marsellesa. No por cantarla voy a marcar un hat-trick", disparó.
"Quiero a la selección. Es un sueño poder jugar con Francia, pero no me vas a forzar a cantar La Marsellesa. No veo dónde está el problema. Zidane, por ejemplo, no tiene por qué cantarla", profundizó en la entrevista.
A partir de allí, a una semana de que Francia y España choquen (26 de marzo en Saint Denis), las palabras del atacante de origen argelino nacido en Lyon encendieron la mecha.
El partido de ultraderecha francés Frente Nacional (FN) pidió que sea excluido de la selección nacional. La agrupación conservadora, liderada por la ex candidata presidencial Marine Le Pen, no quiere que represente al país futbolísticamente.
El consejero de asuntos deportivos de Le Pen, Eric Domard, denunció en un comunicado que Benzema tiene un "desprecio inconcebible e inaceptable a la camiseta nacional que tiene la suerte de llevar".
El FN pidió a la Federación Francesa de Fútbol (FFF) que descarte "definitivamente" a los jugadores que tengan una "motivación y patriotismo pusilánime".
"Benzema 'no ve dónde está el problema' en no cantar la 'La Marsellesa'. Los franceses no verán problema en que no juegue más para la selección nacional", atacó Domard.
Las declaraciones del responsable de deportes del FN, que acusó al jugador de ser "un mercenario del fútbol, pagado a 1.844 euros la hora", no suponen el primer ataque de la extrema derecha francesa a su selección nacional.
Más allá de los comentarios racistas en páginas web dirigidos hacia los jugadores franceses de origen árabe o africano, el fundador del Frente Nacional y padre de su actual presidenta, Jean-Marie Le Pen, consideraba ya en 1996 que era "artificial traer a jugadores del extranjero y llamarle selección de Francia".