Río Turbio es una localidad a poco menos de 300 kilómetros de Río Gallegos. Su nombre tiene marcado a fuego el color del carbón: su materia prima, su alma y su destino. Todo gira en torno a Yacimientos Carboníferos Río Turbio, la empresa intervenida por el Estado nacional desde 2004, encargada de la explotación de la única mina de carbón que se mantiene en pie en el país.
Según datos oficiales de la Secretaría de Hacienda, el Ejecutivo nacional gastó más de 600 millones de pesos entre 2011 y 2012 para mantener en pie el yacimiento. De acuerdo al presupuesto, se gastaron poco más de 336 millones por año. El número no es exacto. Obtener información sobre el financiamiento de la empresa es casi una misión imposible.
El 13 de diciembre de 2012, a través del Boletín Oficial, se modificó y amplió la suma de transferencias que se realizaron a YCRT para poder solventar el déficit de una mina que apenas produce. Las transferencias corrientes del Tesoro Nacional que viajan hasta Río Turbio son mensuales, pero no se pueden determinar las partidas ni los montos. Ni siquiera Hacienda, en sus informes semestrales, da precisión de los montos asignados.
En la oposición santacruceña sostienen que YCRT recibió en 2012 más de 400 millones de pesos pero que la intervención que responde fielmente a Roberto Baratta, subsecretario de Coordinación y Control de Gestión del Ministerio de Planificación y hombre de extrema confianza del ministro, Julio de Vido, no brinda información. El Estado tampoco tuvo suerte con el pedido de datos y rendición de cuentas. Según el Ministerio de Economía, de acuerdo a la última evolución trimestral de personal ocupado por el Estado nacional, YCRT "no suministró información".
La planta estable de trabajadores del yacimiento no es menor: 2.090 trabajadores, según el presupuesto 2012. No hubo actualización pero la propia empresa anunció la incorporación de más gente. En comparación entre cargos jerárquicos y mineros, hay más gerentes que trabajadores rasos. La empresa se transformó en una sucursal de puestos políticos. Otra vez, como los desmanejos que generaron la tragedia en la que fallecieron 14 mineros en 2004, los mineros vuelven a ser rehenes de la desidia del Estado. Los ingresos por embarque de carbón apenas alcanzan para cubrir el 30% de los sueldos totales de la empresa.
El miedo en Río Turbio sigue siendo el mismo que hace más de una década: que el descalabro del Estado termine ejecutando el cierre de la mina. El Gobierno nacional, casi como un capricho, encaró la construcción de una megausina en la que ya se gastaron 3 mil millones de pesos. Se había adjudicado por $1.500 millones. En la Justicia Federal tramitan denuncias por presuntos sobreprecios en el proceso licitatorio.
El objetivo es que esa central eléctrica se alimente del carbón de la mina. Para su funcionamiento necesitará 3.700 toneladas de carbón diarias. Hoy, a su tope máximo de producción, casi artesanal, la mina apenas puede cumplir con los embarques para su único cliente: el norte chileno. En 2012, la mina tuvo una producción total muy lejana a las necesidades: 195 mil toneladas sin depurar. Luego de los procesos de depuración, ese monto bajó a 150 mil.
¿La alternativa ante la falta de carbón? Importar carbón de Colombia o la medida más drástica, que implicaría un contrasentido aún mayor: inyectarle gas.
A estos valores se le suman un préstamo por 20 millones de dólares para la compra de una cinta de evacuación, más 30 millones de pesos para la obra civil de instalación de la cinta. La caja de YCRT es interminable. También se adquirieron tres frentes largos de producción por 40 millones de euros, en un convenio país-país con Polonia. Para que la mina esté en su esplendor son necesarios, por lo menos, tres frentes en explotación y tres frentes de exploración, además de la preparación secundaria y preparación primaria, algo que la empresa no está haciendo.
La interna gremial también complica cualquier posibilidad de mejorar la producción del yacimiento. El duelo entre la Asociación de Personal Superior (APS) y ATE por el encuadre gremial de los trabajadores sigue sin resolución. Sin ese escenario resuelto, no se pueden definir planteles de trabajo. Para un supervisor es imposible, por ejemplo, conseguir 20 mineros para un turno de producción turno noche. El descalabro en su máxima expresión. Si los números cierran, la megausina tendrá su puesta en marcha en octubre de 2013. El carbón no estará, habrá que ir a buscarlo, y eso implicará más dinero, ese del que se sigue gastando sin control.