"Criticar la corrupción no es gorila"

El antropólogo Alejandro Grimson analiza en su libro Mitomanías los lugares comunes y falsas verdades en la sociedad argentina. En diálogo con Infobae, habló del desafío de repensar la idiosincrasia nacional y defendió la objetividad por sobre la militancia política

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El sociólogo Alejandro Grimson, director
El sociólogo Alejandro Grimson, director de la investigación<br> Alfredo Srur / Equipo de Comunicación UNSAM 162

Marchan por un choripán. Los del campo la tienen asegurada. La Argentina sólo tiene una salida: Ezeiza. Estas son algunas de los dichos populares que eligió Alejandro Grimson en su afán de desmenuzar las supuestas imprecisiones en el discurso de nuestra historia reciente, y cuyo resultado plasmó en su libro Mitomanías argentinas: Cómo hablamos de nosotros mismos.

El revisionismo de este destacado investigador del Conicet y decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín se suma a la reducida pero célebre lista de trabajos que hicieron de la derrotista, fanfarrona y en muchas casos clasista idiosincrasia nacional su eje, como el hilarante Diccionario de un argentino exquisito de Adolfo Bioy Casares y hasta Me fascina la parrilla, aquella canción de Virus que celebraba irónicamente nuestros éxitos mundiales tales como el dulce de leche y la tira de asado.

En diálogo con Infobae, Grimson explicó la génesis del libro que él define como el primero que escribe para un público general y no académico, y habló de la importancia de "desactivar" los mitos, provengan estos de la izquierda o de la derecha.

Tu última participación de alto perfil previa a la publicación de Mitomanías fue un texto defendiendo al gobierno junto a otros académicos reunidos bajo el nombre de Argumento. Quería saber si este libro fue pensado también como una toma de posición política o fue concebido separado del contexto actual 

Sin duda, toda la conversación colectiva de Argumento me enriqueció mucho, pero el libro es algo mío, tiene que ver con mis investigaciones. Es una intervención político-cultural en términos gramscianos, con el objetivo de invitar a discutir de una manera diferente la realidad argentina, pero no hay una intención partidaria manifiesta, no.

Alguien que te conozca por haberte visto en la televisión pública, en el panel de 678,  pero no adhiere al gobierno, decís que igual puede disfrutar del libro, que no es "antropologismo militante".

El tema es que hay cosas que son objetivas. Que la mitad de la población de este país tenga alguna descendencia indígena es un hecho objetivo, no es algo discutible. Que durante mucho tiempo los argentinos quisimos ser europeos tampoco es discutible. Después algunos podrán interpretar eso de una manera o de otra, pero es como ese dicho en el periodismo: las opiniones son libres, los hechos son sagrados. Pero yo no soy ningún tipo de fanático, yo creo que el rol que debe de tener un académico, un antropólogo, es el de hacer su trabajo, pensar, mas allá de su adhesión política. Yo reivindico la militancia, me parece fabulosa, pero yo lo que intento hacer es una investigación seria.

¿Y a qué responde entonces Mitomanías, qué te llevó a escribirlo?

Lo que sentía era la necesidad de explicar lo que pensaba sobre cuestiones que a mi entender son esenciales para el desarrollo del país y que no suelen ser abordadas, pero el libro no es coyuntural, no discute lo que está pasando ahora; va en contra de esa fiebre que ha caído en el pais que hace que no se pueda hablar o editar nada que no sea la noticia de ayer.

Bueno, está Felipe Pigna, a él no le está yendo nada mal con su literatura… extemporánea digamos.

Sí, pero a lo que yo apunto es que nos cuenta entrar en la discusión sobre quiénes somos los argentinos, que encima entendemos la cultura como una cuestión secundaria, algo preocupante, considerando que uno de los mayores problemas que tenemos es el cultural: no sabemos quiénes somos, definimos mal lo que somos, queremos ser algo que no podemos ser, y esa es una de las cosas de las que hablo en Mitomanías.

En el libro una de las cosas que sostenés es que el argentino no puede dejar de criticar su país, algo que definís como "etnocentrismo invertido". ¿Por qué pensás que ese fenómeno, que se da más o menos en todos los países, sucede acá tan marcadamente?

Por varias cosas. Por ejemplo, porque uno de los mitos que tenemos es que nosotros somos europeos, algo que inevitablemente va a generar frustraciones. Es como si nosotros dos quisiésemos ser Messi. Cuando vos querés ser algo que no sos, y que no vas a poder ser, entrás en una espiral negativa. El otro tema es que los argentinos hemos estado distanciados durante un período muy largo de tiempo, empezando posiblemente desde la fundación de nuestro país que fue tan complicada. Esa división es algo que no se va a resolver a través de la economía, sino mediante la discusión cultural.

Los argentinos también pasan de la autodenigración a los delirios de grandeza, ¿en qué extremo de esa bipolaridad te parece que se está ahora?

Creo que hoy conviven las dos matrices, la matriz de "estamos condenados el éxito" y la de "estamos condenados al fracaso". La realidad es, por supuesto, que no estamos condenados a nada, que todo siempre va a depender de lo que hagamos. Pero los argentinos no tenemos que renunciar a pensar sobre qué país tenemos y cuál queremos, porque es indispensable para nuestro desarrollo que conozcamos nuestras peculiaridades, nuestras potencialidades, nuestra identidad, que tengamos una mejor idea de quiénes somos.

¿Y cómo pensas que se puede lograr modificar la idiosincrasia de un país? Es un proyecto bastante ambicioso…

Coincido con que es una tarea muy grande, pero es algo que debe darse, tanto en la escuela pública, como en los ámbitos culturales, en la comunicación, en las actividades que realizan la sociedad civil y las organizaciones sociales. Si estamos yendo hacia una país donde una parte de la sociedad se siente cada vez mas lejos de la otra, no pidamos después que los argentinos se entiendan mutamente. En la coyuntura política actual, una de las cosas que más se ponen de manifiesto es que es muy difícil para un sector de la Argentina entender al otro, pero es el resultado de una sociedad en donde no se ha fomentado la convivencia.

La etapa actual es bastanta rica en cuanto a creación de mitos y hasta se la tilda de "relato".

Bueno, pero relatos hay en todas las sociedades, que los necesitan para ordenarse en torno a algo. En el caso del kirchnerismo, uno de los motivos por el cual elijo analizar el mito peronista del asado con parqué es porque ese pensamiento está vigente cuando alguien dice que la asignacion universal por hijo se va en la canaleta de la droga y el juego.

¿Y cómo fue ese trabajo de seleccionar mitos del peronismo, sin duda el período más fecundo para la imaginación y proliferación de anécdotas de la historia argentina? ¿Por qué elegiste esos y no otros?

Decidí no trabajar sobre algunos mitos, como por ejemplo el de Eva Perón, un relato acerca de, entre otras cosas, la participación de la mujeres en la política y sobre las luchas sociales, o sobre el 17 de octubre, del cual hay centenares de mitos, porque creo que los podrían abordar mejor los historiadores. A mí los mitos que me preocupan son los del peronismo fanático y los del antiperonismo fanatico. Decir hoy que Perón fue un tirano o un fascista es una tontería, es desconocer los procesos históricos que se dieron en el país, pero hay mucha gente que sigue pensando eso. Pero por el otro lado, es inaceptable que alguien que es peronista utilice todos los prejuicos del antiperonismo para que un peronista haga cualquier cosa, porque no hay nada que justifique la corrupción. Criticar la corrupción no es gorila.