Para comprender la lógica del llamado a elecciones tempranas en Israel, convocadas por el primer ministro Benjamin Netanyahu para enero de 2013 (en lugar de octubre de ese año) debemos comprender la lógica de la gestión del premier israelí en los últimos tres años y medio, tanto en términos internos como de relaciones internacionales, así como en términos "intermésticos" (estableciendo una clara relación entre el ámbito interno y el de política exterior).
Es indudable que la gestión de Netanyahu, que ha sido acompanada por una retórica "halcona" y belicista respecto a la carrera nuclear iraní (con subidas y bajadas), ha sido claramente conservar el status quo en todos los sentidos. A diferencia de sus predecesores, desde 2009 Netanyahu no ha hecho ni la guerra ni la paz. Más aún, el proceso de paz con los palestinos se ha congelado completamente, en parte por el estallido de la "Primavera Árabe" a principios de 2011, que trajo como consecuencia un "invierno islámico" en el que partidos de la Hermandad Musulmana han logrado obtener por la vía democrática el gobierno en Túnez y en Egipto, mientras que dictadores seculares han sucumbido (Libia) o confrontan en una cruenta guerra civil (Siria).
La actitud del gobierno de Netanyahu frente al terremoto político que ha afectado las repúblicas seculares del Medio Oriente ha sido notablemente moderada y pasiva, en primer lugar hacia Egipto. El acuerdo de paz se mantiene formalmente; las relaciones, que antes de la caída de Hosni Mubarak eran muy frías, han alcanzado una temperatura antártica. En Jordania, el rey Abdullah IIafronta el principio de una rebelión popular, y en Siria la posibilidad de negociaciones de paz con Al Assad se han esfumado en conjunto con el estallido (y prolongación con incertidumbre) de la guerra civil. El gobierno israelí ha adoptado entonces una actitud de encerrarse en su caparazón, presentar una imagen de una fortaleza estable en medio del remolino político de Medio Oriente, y una clara predilección de Netanyahu de no moverse, sino abrazar y consagrar el status quo.
Esa misma política del status quo tambien se ha definido en términos internos en la política y sociedad israelí. En su economía, y a diferencia de los países europeos, Israel no ha sufrido la crisis global o crisis del euro, y ha mantenido un cierto crecimiento y estabilidad económica que es comparativamente notable. La revuelta social de los "indignados" de la clase media del verano septentrional de 2011 ha sido prácticamente sofocada, y no se ha canalizado (todavía y en forma clara) políticamente, a pesar de que ha logrado el renacimiento (relativo) del Partido Laborista. Netanyahu eligió y prefirió mantener la coalición con sus aliados naturales (los religiosos ultraortodoxos y los religiosos nacionalistas que apoyan la colonización judía en Cisjordania), que se perfilan probablemente como sus socios en la próxima coalición, después de las elecciones, en lugar de confrontar los más profundos problemas de la sociedad israelí, ya sea la alienación de la minoría árabe en Israel o de la minoría judía ortodoxa (que demográficamente dejará de ser minoría).
¿Por qué, entonces, el llamado a elecciones tempranas, dada la rotunda y notable estabilidad del gobierno israelí? Las respuestas son varias, y en mi opinión, las variables de política interna pesan mucho más que las de política exterior.
En términos de política exterior, y frente a la incertidumbre de las elecciones en los Estados Unidos, es probable que parte del cálculo de Netanyahu sea llamar a elecciones tempranas en caso de que el presidente Obama sea reelecto (y decida "castigar" la hostilidad de Netanyahu y tratar de reanudar, sino imponer, un proceso de paz entre Israel y los palestinos). En segunda instancia, Netanyahu inicia la campaña electoral poniendo énfasis en el proyecto nuclear iraní, cuando el "deadline" (fecha tope) para una confrontación bélica o una solución diplomática se perfila para mediados de 2013. Netanyahu se postula, entonces, como el político y estadista con la experiencia para lidiar con la amenaza iraní (a pesar de que paradójicamente, y de hecho, el proyecto nuclear iraní continuó a toda popa durante la gestion de Netanyahu, pese a sus bravuconadas).
Lo cual nos trae de regreso a la política interna (siguiendo el dictum de Henry Kissinger, según el cual Israel no posee política externa, sino política interna). El pretexto oficial del llamado a elecciones tempranas ha sido el fracaso de preparar un presupuesto real que debe confrontarse con las perspectivas de una recesión económica, reduciendo de hecho tanto los gastos de defensa como los de educación y bienestar social. Segundo, Netanyahu prefiere elecciones "relámpago" en las cuales la centroizquierda no estará organizada y en las que no se perfila una figura política de envergadura para competir con él (a pesar de que el sistema es parlamentario y la elección del primer ministro recae en los partidos politicos con representación legislativa). Tercero, y en mi opinión quizás la razón veraz y fehaciente, Netanyahu prefiere elecciones en enero de 2013 en las que probablemente no pueda participar el ex premier Ehud Olmert, que todavía confronta una posible apelación en la Corte Suprema israelí por los resultados de recientes juicios de malversación, y todavía sigue pendiente un juicio contra Olmert como ex alcalde de Jerusalem con referencia a un proyecto edilicio (Holyland). Olmert con su experiencia y récord es probablemente un contricante formidable contra Netanyahu. Olmert está convencido de que su dimisión a fines de 2009 se debió a un "golpe de Estado judicial" contra él, y que hoy de hecho se merece una revindicación. Pero probablemente enero es demasiado temprano para clarificar del todo su incierto horizonte judicial.
Así y todo, las elecciones en política interna son similares a la iniciativa de una guerra en política internacional, ya que en ambos casos rige la ley de "consecuencias inesperadas". En otras palabras, la historia política (en Israel y en otras democracias parlamentarias) demuestra que los que llaman a elecciones tempranas tienden a perderlas. Los sondeos electorales de hoy día dan una holgada ventaja al bloque de derecha/religioso de Netanyahu, el Likud y sus socios. Pero tres meses en política israelí, también influenciada por acciones externas (¿profundización de la crisis europea?, ¿una guerra regional?) es casi una eternidad. Lo cual nos lleva a la conclusión, que es un parámetro de la política israelí, tanto interna como externa, de que no hay lugar para aburrirse en esta región del mundo.
Arie M. Kacowicz es profesor de relaciones internacionales en la Universidad Hebrea de Jerusalem.