Para el 60 por ciento o más de los maestros el objetivo primordial de la enseñanza es "desarrollar la creatividad y el espíritu crítico", según el mismo estudio, en el que fueron consultados docentes de Argentina, Perú y Uruguay en 2003 (ver recuadro).
"¿Pero cómo se puede desarrollar la creatividad si previamente las nuevas generaciones no se apropian del capital cultural acumulado en una sociedad? Tiene más probabilidades de crear quien más se ha apropiado de una tradición. El que más física sabe, es el que más preparado está para realizar una revolución en la física", cuenta Tenti en diálogo con Infobae América.
Cuando en la misma encuesta se les preguntaba a los docentes cuál era su rol, menos del 20 por ciento respondía "ser transmisores de cultura y conocimiento". Más del 70 por ciento aseguraba que era ser "facilitadores del aprendizaje".
"Esta identificación masiva con el maestro como 'facilitador' del aprendizaje coincide con las respuestas dadas a las funciones dominantes asignadas a la educación. El magisterio latinoamericano pareciera no poner el tema del conocimiento y su transmisión intergeneracional en el centro de sus preocupaciones como profesionales de la educación", dice el sociólogo en el artículo que presenta los resultados del estudio.
¿Qué pasó con el saber?
"El ignorante no puede crear nada -dice Tenti-. Hay que volver a poner al conocimiento y a la idea de transmisión en el foco de la agenda educativa. Cierta pedagogía, entre comillas progresista, fue demoledora de esta idea".
A partir de las décadas de 1960 y 1970 empezaron a difundirse masivamente nuevos discursos pedagógicos. Su principal blanco eran los métodos de enseñanza tradicionales, que hacían mucho hincapié en la memorización del saber y que entendían al alumno como un sujeto pasivo.
Pero se terminó cayendo en un exceso. "Salvo que se conciba a la creatividad como una cualidad casi mágica, es decir, como una capacidad de hacer algo con nada (al igual que una capacidad divina), ésta no es más que una simple expresión de deseos si no va acompañada por un fuerte énfasis en la apropiación de aquellas herramientas de pensamiento y de acción que los hombres han desarrollado, codificado y acumulado a lo largo de su historia", sostiene el investigador en el artículo.
Así la educación se vuelve vaga. Se plantea un objetivo deseable, como es generar personas creativas, pero sin saber cómo conseguirlo. Y el único medio posible, que es la transmisión de conocimiento, pierde legitimidad. Esto muestra una disociación entre las teorías que los docentes aprenden y lo que terminan realizando en el aula.
"Cuando alguien entra a un instituto de formación docente tiene ya 13 o 14 años de conocimiento de pedagogía, porque en la escuela no sólo se aprenden las materias. En forma tácita se aprende también a enseñar, a evaluar y a ordenar la clase. Es todo un conocimiento práctico que los jóvenes tienen de forma semi-consciente al llegar al instituto", explica Tenti.
"Lo que terminan aprendiendo los docentes -agrega- es a verbalizar una serie de teorías, un lenguaje. Por eso desarrollan dos mundos separados. El mundo de lo que dicen y el mundo de lo que enseñan. Eso explica que tengan discursos progresistas, pero prácticas pedagógicas muy tradicionales".
¿Cómo mejorar la pedagogía?
"Hay que jerarquizar la formación de los docentes. Una de las cosas que no están presentes y que yo incluiría es el estudio de las nuevas generaciones, de la infancia y de la juventud actual. Con énfasis en sus características antropológicas, sociales y culturales, porque hoy un joven de 15 años tiene poco que ver con uno de hace 50 años", asegura el sociólogo.
"Eso podría ayudar a comprender algunos desafíos que los docentes enfrentan en la clase, como el problema de la construcción de la autoridad, sin la cual no hay relación pedagógica posible. A muchos maestros les cuesta que los alumnos les crean, los reconozcan y los respeten. Conocerlos mejor puede ayudarlos en ese sentido".
Lo mismo pasa con el interés por los temas que se ven en la escuela. Sólo conociendo cómo piensan, qué hacen y qué les gusta a los jóvenes, los docentes podrán interesarlos por lo que enseñan.
Pero para romper con la separación entre la teoría y la práctica docente es indispensable que su formación no sea sólo teórica. "Es necesario incorporar técnicas de motivación y de generación del interés, y estrategias de producción de la autoridad".
La crítica al autoritarismo y al mecanicismo de la enseñanza tradicional fue necesaria. La vieja escuela cometía abusos y sólo podía ser efectiva en un mundo muy distinto al actual.
Pero es difícil que tenga éxito un modelo que no entiende las virtudes del pasado, como la importancia dada a la transmisión del saber. Porque no se puede superar o ser crítico de lo que ni siquiera se conoce.
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