Secuestrar a la novia durante la fiesta de bodas frente al esposo y a los invitados es una de las costumbres más coloridas de Rumania.
Este tipo de festejo es cada vez más común en Bucarest, la capital de ese país. Cada sábado por la noche, las mujeres son llevadas a rastras en un simulacro de secuestro por sus amigos y conducidas a un lugar turístico, donde bailan y posan para las cámaras.
¿El rescate? Desde una botella de whisky o tal vez algo más romántico, como una declaración pública de amor del novio.
Los "secuestradores" negocian por teléfono los detalles del pago con el esposo. Todo es un inofensivo teatro con el objetivo de añadir una bocanada de diversión a la boda.
El sábado pasado, cerca de 20 novias fueron tomadas como rehenes en el Arco del Triunfo, que fue construido en 1922 para honrar a los soldados rumanos que murieron durante la Primera Guerra Mundial. Los automovilistas tocan la bocina y saludan a las mujeres que visten grandes vestidos blancos.
Alisar Dragne, de 25 años, contó sobre su ficticio secuestro: "Todo estaba organizado y listo. La limusina me estaba esperando enfrente del restaurante, me dieron la señal mis amigos y juntos hemos venido aquí a pasar un buen rato". George Neascu, un músico de Roma, dijo que la costumbre de robar de la novia es tan antigua como la que se tenga memoria. "Toda clase de gente viene aquí", dijo Neascu.
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