En otro trabajo fuerte que se suma a su currículum, Gael García Bernal se sumergió en la historia de Chile para ser el protagonista de NO, la película que muestra lo que vivió el país sudamericano en 1988 cuando se convocó un consulta popular para definir el futuro del Gobierno del general Augusto Pinochet.
El filme dirigido por Pedro Larraín ya debutó en el Festival de Cannes, donde obtuvo muy buenas críticas, y el 9 de agosto llegará a las salas de cine chilenas.
Antes de su estreno, el actor habló con Infobae América y contó cómo se sintió durante el tiempo que pasó en Chile antes, durante y después del rodaje.
Gracias al equipo de producción, que lo ayudó a ponerse a tono con la historia, se introdujo de lleno en lo que vivía el país en la década del 80. Pero él no se quedó quieto e hizo trabajo extra para formar su personaje.
"Ser actor a veces implica hacer un trabajo medio antropológico, medio periodístico, empatizar emocionalmente con lo que está sucediendo, absorber referencias e información", dijo García Bernal.
"Es una película altamente subversiva, en el buen sentido. El film muestra el trayecto de un personaje desde la apatía política a ser un operador que se mete en la cocina de la política", explicó el intérprete mexicano sobre NO. "La película es muy original. Algo que sucedió hace muy poco, lo está haciendo una fábula".
El actor que participó en Diarios de Motocicleta y Rudo y Cursi, entre otras cintas, también se refirió a aquellos políticos chilenos que criticaron el film por no mostrar la realidad de lo que pasó en 1988.
"Si a algunos políticos les parece contradictorio con lo que sucedió en la realidad, le están dando demasiada importancia a una película. Creo que el público tiene la sofisticación para entender que esto es un film. Y si sucedió o no, yo no voy a defender eso en absoluto, creo que no viene al caso. Además es una fábula completamente. El personaje que yo interpreto no existió y las discusiones seguramente no se dieron así, o quizá sí. No importa. Lo que está genial es que es una película que tiene vida propia", aseguró.
Además, explicó por qué el director eligió rodar con cámaras de aquel momento: "En términos estrictos, creo que lo más puro fue que usamos las cámaras de la época... Es extraño, porque si hace ocho años hubiéramos visto cómo se veían esas cámaras y el material que sacaban, nos hubiera parecido espantoso, aburrido y no hubiera servido. Pero ahora representa, para nuestra generación, una melancolía. Ahora vemos y decimos: '¡Ah! Claro, de niños así veíamos la tele'. Dentro de lo horripilante que es, hay algo romántico... También es como decía Larraín en Cannes. Para él, la época de la dictadura era en este formato. Se veía así. No era como se ve ahora el cine".