La comparecencia de David Cameron en la jornada de hoy en la Cámara de los Comunes será recordada por un episodio que toca de cerca a nuestro país: la irrupción de las ideas del grupo conservador The TaxPayers' Alliance en el parlamento inglés.
El movimiento ultraderechista, formado por tres ex parlamentarios del gobernante Partido Conservador, es la respuesta británica al Tea Party, el ala más radical del Partido Republicano norteamericano, una agrupación que alcanzó con su triunfo sobre los demócratas -fuerza política del presidente Obama- en las legislativas del 2010 su punto más alto.
Al igual que el movimiento que lo originó, The Taxpayers' Alliance basa su plataforma en la promoción de una política fiscalmente conservadora, demandando la rebaja o directamente la eliminación de los impuestos -que en su visión solo sirven para "engordar" al Estado y obsctaculizar la creación de puestos de trabajo- y el desdén por todo aquello que pueda ser considerado como legislación social, denostada como mera intromisión en la vida de los ciudadanos.
A pesar de que el movimiento no tiene aún una figura predominante como sí la tiene su contraparte norteamericana en la ex candidata a vicepresidente Sarah Palin o la congresista Michele Bachmann, sus militantes registrados pasaron de ser 18 mil en 2008 a casi 60 mil dos años después.
Acorde con su discurso nacionalista, la más reciente campaña del grupo arremete contra el último adversario en materia diplomática de los británicos. El petitorio "StopFundingArgentina" (ver video) tiene como objetivo presionar al gobierno de Cameron para que frene los créditos del Banco Mundial para nuestro país.
Según su página de internet, la iniciativa ya fue firmada por 6 mil ciudadanos, y hoy, el director político de la agrupación, Jonathan Isaby, felicitó por Twitter al parlamentario conservador Nigel Adams por ser uno más de sus partidarios.
El comentario hacía referencia a la partipación del político "tory" durante la presentación de Cameron de hoy, en el que preguntó al premier si bloquearía los préstamos del organismo de crédito internacional a la Argentina, reclamo que no fue contestado directamente por el primer ministro, quien optó por aclarar que los impuestos británicos no financian el organismo de crédito.