Los entrenadores deben decidir para cuidar a sus jugadores.
Una jornada de junio del 2012, un 03 del 06, pintó como si fuera una foto la realidad de los dos colosos del fútbol argentino. Mientras uno se sabe ganador a pesar del gol del humilde Merlo sobre el final, el otro pena con decisiones erróneas de sus presidentes y sus entrenadores.
Con el baldazo de agua fría que les llegó con el golazo de Friedrich, Riquelme aprovechó el frío para poner los paños y la picó como si fuera de trapo en el colegio. En cambio, Almeyda, que había decidido equivocadamente dejar a todos los jugadores que podían cambiar la historia en su casa, volvió a improvisar a la hora de elegir los pateadores (no tenía demasiado para poner por su propio error antes mencionado) y no se animó a decidir nuevamente.
Es simple. Para imaginar y pensar: hay que ver entre los hinchas de uno y otro para ver qué sentían mientras las cosas pasaban y la historia repartía gloria para uno y dolor para otro, nuevamente. No hay hincha de Boca que se haya sentido perdedor durante la definición de su equipo. ¿Qué pensaron los hinchas "millonarios" mientras veían a Boca y después a River?
Cuando Augusto Fernández declaró que otros tienen suerte (por cómo pasó Boca en Brasil y por cómo se quedó Vélez) debe entender que los equipos tienen mística y que Silva convirtió ante Deportivo Merlo el penal que había errado hace un año con Vélez en la semifinal de la Copa ante Peñarol.
No se puede hablar de suerte ante hechos que se repiten en el fútbol. Boca no luce, juega igual contra Deportivo Merlo que contra el más pintado de América. Pero gana. Aburre a los extraños y fascina a los propios, que al margen de todo son lo que festejan y deciden las formas. Pateó 28 penales para llegar a la final de la Copa Argentina.
Desde el Toto Lorenzo, el Virrey Carlos Bianchi a este momento de Falcioni (habrá que ver cómo termina para hacer una conclusión final, ya que juega por el resultado) las cosas se han hecho de idéntica manera.
Los equipos tienen genes, igual que los seres humanos, y tienen vida propia desde que colocaron su piedra fundamental al día de hoy. Tienen barrios... Si no que se vea la locura desatada, ilógica e inusual de San Lorenzo de mudar un estadio entero al lugar de toda la vida.
La historia pesa. Y mucho.
El que patea frente a Boca duda y el que patea de Boca gana. En River, que está en la B Nacional por muchísimos años de hacer las cosas mal (hace alrededor de una década el técnico de Reserva de River era el hermano del presidente), todos dudan justificadamente porque la mochila que cargan la heredaron. Pero están ante una situación muy difícil, entrada la recta final.
Y después aparecieron los que aceleraron la debacle en Núñez: José María Aguilar y Daniel Alberto Passarella.
Entonces, de un lado hay seguridad en los propios y temor en sus rivales. Del otro, una situación inédita que pesa en las piernas y es lógico que va a quedar marcada como una flecha en la gran historia que ha acumulado desde su fundación. River le ha entregado muchísimo al fútbol argentino, demasiado.
River no debe estar donde está, pero los errores y horrores lo condenaron. La realidad marca que debe escalar la montaña más alta en las peores condiciones. Y ahí no se puede decidir mal. River tiene que ganar todo, también la Copa Argentina, por respeto a Alonso, Labruna, Francescoli, "La Máquina", Amadeo y el gran Alfredo y el misímísimo Sívori.
Ahí anda "el Burrito" esperando que le hagan como favor su partido despedida. A los ídolos se los debe cuidar si no, pasa lo que pasó.
Si Passarella recuerda lo que esa camiseta le dio a él (sí, el "Gran Capitán" fue el mejor defensor de la historia, pero River lo hizo grande con la pelota), tiene que saber que el Club que preside está por encima de sus caprichos y las dudas que han dejado algunos movimientos no aclarados aún y promesas incumplidas.
En la vereda de enfrente, Boca con titulares (al margen del pésimo partido que jugó en la semi) es finalista y tiene el campeonato casi aprobado. Y en la Copa está entre los mejores cuatro.
Si Boca pierde todo por lo menos lo pudo soñar y estuvo cerca. A su manera, disfrutado sólo por sus hinchas, se hace fuerte y apunta bien alto.
En paralelo, River la dejó pasar y sufre los peldaños que le puso enfrente un torneo durísimo (volver a ver lo que hizo Merlo ante el campeón reinante del fútbol argentino) y recuerda su única Promoción ante Belgrano, para no sufrir en otra.
Es simple, Boca hace años gana lo que River pierde.
Y el 3 de junio de 2012 quedará como una foto perfecta de una jornada en la que un cuadro se pintó con tremenda calidad para buscar un marco y estamparle "así está Boca y así River".
Gonzalo Mozes
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