Una banda de rebeldes liderada por tres hermanos desnudó las fallas de la lucha antisubversiva y no sólo ridiculizó al gobierno peruano en el episodio del secuestro y liberación de 36 obreros, sino que figuró ante la sociedad como los líderes de un nuevo Sendero Luminoso enraizado ahora en el valle que produce más cocaína en el mundo.
Se trata de los hermanos Quispe Palomino, quienes al frente de unos 500 militantes, han eludido y a la vez golpeado a la fuerza pública impunemente en los últimos años en la intrincada selva del valle del río Apurímac-Ene.
La guerrilla mató a ocho soldados y policías enviados a rescatar a los secuestrados, que trabajaban en el yacimiento gasífero más grande del país, en la selva de Cuzco, vecina del valle, en un fiasco que le costó el puesto a los ministros de Interior y Defensa.
Al final, los senderistas liberaron a los plagiados por su propia voluntad, lo que sumado a su simbiosis con el narcotráfico y a la confianza que han ganado de la población local, netamente campesina y cocalera, les ha permitido moverse libremente y hacerse a un territorio propio y soberano, inexpugnable para las fuerzas del orden.
La idea de un Sendero Luminoso que resurge, fortalecido por la riqueza de la cocaína, ha despertado temores profundamente arraigados en la sociedad peruana, que sufrió los horrores del terrorismo de un movimiento que era muy poderoso hace dos décadas.
"La banda de los Quispe Palomino es una fuerza muy potente, móvil y resistente", señaló el analista de temas militares Diego Moya-Ocampos del grupo de expertos IHS/Janes. "En términos de armas, su arsenal incluye una cantidad significativa de explosivos, rifles de asalto AK, ametralladoras pesadas, rifles FN, cohetes lanza granadas, minas antipersonales, revólveres y machetes. También tienen radios de doble transmisión y paneles móviles solares".
Los analistas no creen que el grupo signifique una amenaza fuera de la zona donde opera, pero su efectividad militar se ha refinado y su arsenal es cada vez más sofisticado en parte a los ingresos que reciben por cobrar lo que alias José llamó "impuestos de guerra", a narcotraficantes por cada kilo de cocaína que transportan.
Los rebeldes, además, tienen sus propios cultivos de hoja de coca y pozas de maceración para elaborar artesanalmente la droga, dicen investigadores de la policía y la fiscalía.
Desde 2008, cuando el gobierno de Alan García instaló bases militares y envió a las fuerzas armadas a combatir los remanentes senderistas en el valle del río Apurímac-Ene, los rebeldes han matado más de 70 efectivos militares y policiales, han emboscando patrullas, les han disparado francotiradores, y han hecho detonar minas artesanales.
"Ha sido un fracaso estrepitoso, solamente han habido derrotas, ni una victoria", dice el ex ministro del Interior, Fernando Rospigliosi.
"Si comparamos el Sendero del 80 con el Sendero de ahora, el Sendero de hoy militarmente tiene un avance tremendo. Saben hacer desplazamientos, fabricar armas artesanales, son diestros, por ejemplo en morteros, bombas "cazabobos", señaló el analista de terrorismo y narcotráfico Pedro Yaranga. "El ejército en nada ha cambiado lo que actuaban hace 32 años".
Las fuerzas del orden son enviadas a combatirlos con chalecos antibalas sin el blindaje adecuado, y raciones de alimentos vencidos, según revelaron denuncias hechas por medios locales.
En julio de 1999, cuando fue capturado el entonces líder de Sendero Luminoso "Camarada Feliciano", el gobierno peruano celebró el inminente fin del grupo rebelde.
Pero entonces, los Quispe Palomino emprendieron la tarea de reorganizar a las diezmadas huestes, a replantear las estrategias de su revolución y se empeñaron en cambiar la imagen de Sendero Luminoso a los ojos de la población.
Para ello, los hermanos se desmarcaron de Abimael Guzmán, fundador e ideólogo de esa guerrilla, capturado en 1992, a quien llaman "traidor" por haber planteado, desde la cárcel, un acuerdo de paz.
"Nos comportábamos (en el pasado) como delincuentes, como terroristas, pero hoy no somos terroristas", señaló Jorge Quispe Palomino, "Camarada Raúl", el tercero en la actual línea de mando del grupo rebelde, y el mayor de los hermanos, en una entrevista concedida desde la selva a un periodista peruano a finales de 2010.
Para convencer a la población que ellos constituían un nuevo Sendero Luminoso, que no asesina civiles ni dinamita obras públicas ni infraestructura como hace 30 años, los rebeldes recorrieron, pueblo por pueblo, pidiendo disculpas diciendo que habían cambiado, reveló en 2009 Víctor Quispe Palomino, alias "Camarada José", líder del grupo insurgente, a un periodista de un canal peruano que lo entrevistó en la selva.
"Cuánta vergüenza hemos pasado ante el pueblo, y en cuántos pueblos nos hemos autocriticado, dura, amarga(mente)", señaló el cabecilla, por quien los Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares.
Se denominan a sí mismos redentores comunistas de los pobres, de ideología maoísta, que resisten a los "imperialistas" que dicen explotar el país. Su objetivo final es el derrocamiento del Estado, pero reconocen que son un grupo pequeño en medio de una larga y compleja lucha. Parece que no reciben ningún apoyo internacional y llaman a Estados Unidos su principal enemigo.
"Al pueblo lo tenemos que educar bajo una consciencia voluntaria no coactivamente", señaló alias Raúl.
"José" y "Raúl" admiten haber participado como combatientes en la masacre de Lucanamarca, en abril de 1983, ordenada por Guzmán como castigo ejemplar contra esa comunidad campesina por haber asesinado a uno de sus militantes.
Fue una de las peores masacres cometidas en Perú contra la población civil: 69 personas, entre hombres, mujeres, niños y bebés de meses de nacidos, fueron asesinados a hachazos, machetazos y cuchilladas.
Hijos de un senderista, Martín Quispe Mendoza, que murió brutalmente a manos de campesinos organizados en defensa propia, los Quispe Palomino reservan su ferocidad para los combates con los miembros del ejército y la policía a quienes, según testimonios de sobrevivientes, rematan cuando se encuentran malheridos e inermes.
Algunos dicen que en las emboscadas han visto a niños entre los rebeldes que acuden a rematar heridos y despojarlos de sus armas.
Los vídeos obtenidos de entrevistas periodísticas que han concedido alias José y Raúl han mostrado también a niños de entre ocho y 11 años recibiendo formación ideológica. A los 16 años ya están listos para que se les entregue un fusil.
Para asegurarse su lealtad y prevenir infiltraciones, los Quispe Palomino y sus seguidores procrean hijos con jóvenes mujeres presuntamente secuestradas para esos fines. Al crecer, esos niños integran a las filas de combatientes, señala el analista Yaranga.
Las autoridades han presentado casos de algunas de esas mujeres en años recientes y algunos desertores han asegurado haber sido secuestrados desde que eran niños.
"Raúl", de 53 años, es el cerebro del grupo rebelde, señaló el experto Yaranga, y a él se atribuye haber colaborado con las fuerzas del orden para la captura de "Feliciano", quien a fines de los 90 se había convertido en un tirano dentro de la organización y despertaba animadversión entre sus subalternos.
Cuando "Raúl" fue capturado en 1999, se convirtió en delator de "Feliciano" junto con otros senderistas arrestados.
Tras la caída de alias Feliciano, "Raúl" hizo creer a los militares que convencería a su hermano "José" de deponer las armas. Pero todo fue una trampa y los rebeldes consiguieron matar a cuatro oficiales al derribar un helicóptero en el que se trasladaban oficiales del ejército para la esperada rendición.
Las autoridades no volvieron a ver más a "Raúl" a quien habían dejado libre para que contactara a su hermano.
En un encuentro con periodistas en el valle del río Apurímac-Ene, pocos días después que los obreros fueran liberados, hace un mes, Marco Antonio Quispe Palomino, "Camarada Gabriel" el menor de los hermanos, se jactó de su superioridad sobre las fuerzas armadas. "Ustedes vean: ¿quién está siendo derrotado?", señaló con arrogancia.
Además de la humillación de los militares, el padre de un de policía asesinado tuvo que caminar por la selva para recuperar personalmente el cadáver de su hijo.
El pasado 12 de abril, la policía peruana arrestó a un hombre acusado de haber lavado por años al menos 100 millones de dólares pertenecientes a la guerrrilla. La persona, Alex Gutiérrez Mantari, se encuentra recluido en una cárcel limeña.
Gutiérrez proveía a los líderes senderistas de alimentos y gasolina, y cuando personalmente entregaba la mercadería en los campamentos rebeldes a orillas del río Mantaro, se iba cargando una mochila llena de dólares y a veces euros, según el testimonio de desertores rebeldes, reseñada en documentos oficiales a los que tuvo acceso la AP.
Una testigo, cuya identidad se mantiene en reserva por razones de seguridad, declaró en dicho documento que la pareja de "Raúl", alias "Isabel", le señaló que Sendero Luminoso exige a los narcotraficantes un "impuesto" de 3 dólares por kilo de cocaína que deseen movilizar a través de su zona de acción.
El producto de las cobranzas, le informó, es guardado en pequeños contenedores de plástico y escondidos bajo tierra.
"Los Quispe Palomino no son terroristas, son vulgares traficantes de drogas", declaró el procurador Jorge Mendoza.
"Nuestro pueblo, el campesino cocalero, no es narcotraficante. Ellos son trabajadores", señaló "José" a su entrevistador en 2009.
Con la liquidez de dinero con que cuentan, los rebeldes llegan a los pueblos y pagan a los lugareños el doble o triple por cada gallina o carnero que compran, según el analista Yaranga.
"(Los pobladores) piensan: este grupo que viene nos ayuda, nos protege, ¿que problema nos hacemos?, para qué lo vamos a enfrentar?", agregó Yaranga.
El Gobierno es consciente de que el avance de los senderistas en dicho valle obedece, en buena medida, a la ausencia de un estado indiferente. Por ello, el presidente Ollanta Humala ha anunciado la construcción de carreteras, hospitales, escuelas y el impulso a la producción agropecuaria de la zona.
La popularidad de Humala cayó cinco puntos en el último mes a 51%, según un sondeo nacional de la consultora Ipsos Apoyo, mientras que el 70% de peruanos cree que esa guerrilla está ganando la guerra en dicho valle, según otra encuesta de la firma encuestadora GFK.
El ex ministro del Interior y general retirado de la Policía, Remigio Hernani, señaló que Sendero Luminoso ha desatado una especie de guerra de guerrillas que se debe combatir con labores de inteligencia, ámbito de la Policía Nacional, y no con una guerra frontal como están haciendo las fuerzas armadas.
Al fin y al cabo, declaró Hernani, ha sido la Policía la que logró los mayores éxitos contra Sendero Luminoso, la captura de Guzmán, y del "Camarada Artemio", en febrero pasado.
"En la policía hay gente muy competente y muy capaz, pero que no está en estas operaciones (en el valle del río Apurímac-Ene)... y si hay algunos, no tienen ni la autonomía ni el manejo económico (para trabajar)", agregó.
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