Incierto panorama electoral en Egipto

En las primeras elecciones parlamentarias tras la caída de Hosni Mubarak salieron victoriosos los islamistas. Pero nadie puede confirmar si este escenario se reiterará en las presidenciales de mayo. Las jóvenes, cada vez más lejos de los Hermanos Musulmanes 

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Es que según las encuestas realizadas hasta el momento, dos liberales y dos islamistas son lo que tienen las mayores probabilidades de acceder a la presidencia. A los restantes nueve candidatos no se les conceden prácticamente chances de pasar a la segunda vuelta, fijada para mediados de junio.

Por los islamistas se presentan Mohammed Mursi y Abdel Moneim Abul Futuh, un hermano musulmán y un ex hermano musulmán, ambos de 60 años.

Desde el punto de vista ideológico, estos dos candidatos se diferencian poco, si bien Abul Futuh se muestra tal vez un poco más abierto en sus posturas. Surgen de un movimiento que aboga por la economía de mercado y la islamización de las instituciones estatales. Abul Futuh fue expulsado de la Hermandad Musulmana porque anunció su candidatura a la presidencia sin la autorización de la conducción del movimiento.

Los dos principales candidatos de los islamistas intentaron en días recientes atraer a los seguidores de los salafistas, movimiento radical islámico que según su ideología se asemeja a la policía religiosa de Arabia Saudita y originalmente había presentado a su propio aspirante a la presidencia. Sin embargo, la candidatura del clérigo Hasem Abu Ismail fue rechazada por la Comisión Electoral por motivos formales.

En los comicios parlamentarios, los salafistas obtuvieron alrededor de un cuarto de los votos. Por este motivo, la recomendación que hagan a sus seguidores acerca de a quién votar es de una importancia decisiva. Sin embargo, los salafistas, que aún no digirieron la exclusión de Abu Ismail, están divididos sobre a qué candidato apoyar en las elecciones presidenciales.

Entre los candidatos seculares, el ex secretario general de la Liga Árabe Amre Mussa, de 75 años, es el favorito. Sin embargo, al igual que el último jefe de gobierno de Mubarak Ahmed Shafik, tiene la desventaja de haber tenido vínculos con el régimen anterior.

Antes de su nombramiento como secretario general de la Liga Árabe, Mussa, un diplomático de carrera, fue ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Mubarak. Además, los islamistas sostienen que un "bebedor y un mujeriego", algo que no es bien visto entre los egipcios islámicos conservadores, que son mayoría.

En las semanas anteriores, los expertos decían que Shafik era, después de Mussa, el segundo candidato principal entre los no religiosos. Sin embargo, muchos votantes deberán optar por otro candidato, porque no se descarta que el tribunal constitucional declare en el futuro inválida su candidatura.

De esta manera, crecen las probabilidades para Hamdien Sabahi, de 54 años. Este activista de izquierda y durante años opositor al régimen de Mubarak goza de respeto también entre la denominada juventud revolucionaria, que se siente cada vez más rechazada por los Hermanos Musulmanes.

Los movimientos juveniles no se plegaron a un llamado de los islamistas a participar este viernes en una manifestación en El Cairo, bajo el lema "salvación de la revolución".

"Para los Hermanos Musulmanes no se trata de la revolución, sino sólo de saldar su deuda con el Consejo Militar Supremo. Nosotros no queremos tener nada que ver con eso", explicaron.

Entre los seguidores de Sabahi también se encuentra Salma Hassan, de 27 años, que vive en Alejandría y en su trabajo en la redacción de una revista de moda lleva pañuelos coloridos cubriéndole la cabeza. Salma opina: "A los Hermanos Musulmanes sólo les interesa garantizarse un puesto. En ese sentido, no se diferencian del viejo régimen. Para ellos, la religión sólo es un medio para alcanzar un fin".

Lo que ocurrirá en Egipto tras los comicios presidenciales es tan incierto como el resultado electoral en sí. El proceso constitucional está estancado, por lo que nadie sabe qué poder y autoridad tendrá el nuevo presidente ni quién podrá nombrar en el futuro al gobierno.

Además, se teme que en el caso de una derrota electoral de los islamistas, éstos denuncien que los militares cometieron fraude electoral.