Primera novela por la que la gente hizo cola en las librerías cumple 150 años

El 3 de abril de 1862 salió a la venta en París la primera parte del "libro más peligroso del mundo". El autor era un proscripto político. Los humildes hacían colectas para comprarlo

Guardar
  163
163
  163
163
  163
163
  163
163
  163
163
  163
163

Los Miserables, del novelista y poeta galo Victor Hugo (retrato), es una obra maestra de la literatura francesa con resonancia planetaria. El libro es, según algunos críticos, una autobiografía camuflada, llena de referencias históricas a la Francia napoleónica y posnapoléonica y con un claro contenido social: retratar la injusticia y la miseria y, sobre todo, en palabras del autor, ese "punto en el cual los infortunados y los infames se mezclan y se confunden en una sola palabra, palabra fatal, los miserables: ¿de quién es la culpa?".

Los destinatarios del libro se dieron por aludidos: en las fábricas los obreros juntaban las monedas para comprar entre varios los 12 volúmenes en que se dividió la obra y seguir las desventuras de Jean Valjean, un proscripto que busca redención social y cuyo camino se cruza con el de una niña abandonada a cuya madre en su lecho de muerte jura cuidará. El derrotero de Valjean es también el de la historia de Francia, de las guerras napoleónicas, la restauración monárquica y la revolución de julio (1830, cuando el poder pasa a Luis Felipe de Orléans).

Sus personajes, Jean Valjean, Cosette, Gavroche (Hugo se inspiró en el cuadro de Eugène Delacroix, La libertad guiando al pueblo, pintado en 1830, para crear a este niño de las barricadas), los Thénardiers y Javert, entre tantos otros, ya son parte del imaginario colectivo como prototipos humanos con los que se suele categorizar o calificar a las personas.

Las malas lenguas dicen que Hugo empezó a escribir la novela luego de un incidente policial-sentimental (fue sorprendido por las autoridades en flagrante delito de adulterio tras la denuncia de un marido despechado). Para eludir la condena social, se encerró en su casa (hoy museo Victor Hugo) de la Plaza Royale (actualmente Plaza de los Vosgos) en París y empezó a redactar un libro que en ese momento tituló Las Miserias.

Pese a la dimensión de la obra -la acción transcurre de 1794 a 1833-, a la cantidad de personajes e historias que se entrecruzan, Hugo no tenía un plan previo antes de iniciar el trabajo. Los Miserables quedó además interrumpido durante 12 años: el poeta se vio envuelto en la revolución de 1848, adhirió inicialmente al Segundo Imperio (Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte) y más tarde debió exiliarse cuando se malquistó con ese régimen. Fue entonces, en 1860, cuando encontró tiempo para completar su obra, que para entonces pasó a llamarse Los Miserables.

 

El editor, Albert Lacroix, viajó hasta Guernesey (una isla británica en el Canal de La Mancha, frente a las costas de Normandía), donde Hugo se encontraba exiliado, para negociar personalmente el contrato con quien ya era un escritor y poeta consagrado. Este editor belga le ofreció 240.000 francos por la novela, algo nunca visto en la época, y que equivale a unos 600.000 euros actuales (780.000 dólares). Este acuerdo puso definitivamente fin a las preocupaciones materiales del escritor proscripto. Remodeló su casa y construyó una habitación vidriada en el techo que sería desde entonces su sitio de trabajo. También compró una bolsa impermeable: los manuscritos de la obra viajaban por barco hacia Bélgica y había que prevenir posibles naufragios.

La primera parte del libro llegó el 30 de marzo a las librerías de Bruselas y el 3 de abril a las de París. Además, fue difundido en simultáneo en una docena de capitales: Lisboa, Roma, Londres, Moscú, Río de Janeiro... pero en francés (más adelante vendrían las traducciones). A dos semanas de lanzamiento ya había ediciones pirata... Y, en pocos meses, se habían vendido 100.000 ejemplares del libro, lo que era una cifra muy considerable en aquel entonces.

El día de la publicación de la segunda parte de Los Miserables, el 15 de mayo de 1862, una multitud de libreros, lectores y curiosos se amontonaba frente al local del editor parisino -Pagnerre- en pleno Barrio Latino. Fue tal el embotellamiento -de carros- que la convocatoria casi deriva en motín.

El libro, idolatrado pronto por las masas, no tuvo la misma recepción entre los colegas de Hugo. "Este libro es inmundo e inepto", dijo Charles Baudelaire mientras que Gustave Flaubert criticó el estilo "intencionalmente incorrecto y bajo" que según él buscaba imitar el habla popular. Otros criticaron la excesiva extensión: algunos episodios les parecieron innecesarios, como el capítulo sobre Waterloo o la minuciosa descripción del convento de Picpus.

Pero a los naturales celos y sentimientos de envidia, se sumó la ideología. Los republicanos criticaron el hecho de que el ejemplo moral lo diera en el libro el personaje del obispo; Monseñor Bienvenu. En cambio a los católicos les pareció que el autor acusaba a Dios por la miseria. Hubo también quien, como Lamartine, se inquietó por el riesgo de que Los Miserables estuviese dando falsas esperanzas al pueblo, esa "pasión por lo imposible", es decir, "la extinción de todas las miserias". Y Jules Barbey d'Aurevilly acusó directamente a Victor Hugo de haber escrito "el libro más peligroso del mundo".

Según el propio autor, era "un libro que tiene la fraternidad como base y el progreso como cima".

La primera adaptación cinematográfica de Los Miserables se hizo cuando apenas habían transcurrido doce años de la muerte de Victor Hugo: los mismísimos hermanos Lumière, inventores del cine, rodaron en 1897 pequeños cortos en torno a algunos de los personajes de la novela.

En total, existen unas 50 versiones de la historia, tanto en films como en miniseries. El personaje central, Jean Valjean, fue interpretado por Jean Gabin, Lino Ventura y Gérard Dépardieu (ver fotos relacionadas), entre tantos otros.