"Después de mucha sangre derramada por iraquíes y estadounidenses, la misión de lograr un Irak que pueda gobernarse y asegurarse a sí mismo se ha vuelto real", afirmó el secretario de Defensa estadounidense Leon Panetta en la ceremonia en el aeropuerto de Bagdad, que sigue fortificado.
Casi 4.500 efectivos estadounidenses y decenas de miles de iraquíes perdieron sus vidas en una guerra que comenzó con una campaña de misiles sobre Bagdad, pero luego derivó en una lucha sectaria y un aumento del número de tropas estadounidenses. Los soldados de los Estados Unidos arriaron la bandera de las fuerzas del país en Irak y la guardaron en un estuche camuflado en una breve ceremonia al aire libre, poniendo fin simbólicamente a la incursión militar más impopular del país desde la Guerra de Vietnam de las décadas de 1960 y 1970. Los últimos 4.000 soldados estadounidenses se retirarán del país a fines de año.
El derrocado líder iraquí Saddam Hussein fue ejecutado en el 2006, y lo peor de la violencia sectaria ya pasó, al menos por ahora. Pero Irak todavía lucha contra la insurgencia, un Gobierno frágil y una economía dependiente del petróleo plagada de escasez energética y corrupción.
"Irak estará bajo prueba en los próximos días, por el terrorismo, por los que buscarían dividir, por las cuestiones económicas y sociales", dijo Panetta ante las filas de soldados estadounidenses reunidos en la ceremonia, junto con funcionarios diplomáticos. "Los desafíos persisten, pero los Estados Unidos estarán presentes para apoyar al pueblo iraquí".
Protestas
En Falluya, ex bastión de la insurgencia de Al Qaeda y escenario de algunos de los peores combates en la guerra, varios miles de iraquíes celebraron la retirada el miércoles, algunos quemando banderas estadounidenses y mostrando fotografías de sus familiares muertos.
En tanto, unos 2.500 residentes del territorio norteño de Diyala, principalmente musulmanes chiíes, protestaron el jueves frente al consejo provincial por segundo día, contra una medida para declarar la autonomía de la provincia de Salahuddin, principalmente suní. La policía usó bastones y cañones de agua para dispersar a los manifestantes que trataron de irrumpir en las oficinas del consejo, dijeron testigos. Algunos subieron al tejado del edificio e izaron las banderas chiíes verdes y negras.
Algunas partes de Diyala son territorios disputados entre la minoría kurda del norte y el gobierno liderado por los chiíes en Bagdad. La prolongada disputa, en torno a tierras, petróleo y poder, es considerada un potencial detonante de conflictos futuros en Irak tras la salida de las tropas estadounidenses.
Los vecinos de Irak seguirán de cerca cómo Bagdad enfrentará sus problemas sin el apoyo de la presencia militar de Washington. Los eventos allí podrían estar influidos por el conflicto en la vecina Siria, que adoptó un tono sectario en semanas recientes.
El presidente estadounidense, Barack Obama, quien prometió durante su campaña retirar a los soldados de Irak, dijo al primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, que Washington seguirá siendo un socio leal después de que las tropas dejen el país.
El liderazgo chií de Irak presenta la retirada como un nuevo comienzo para la soberanía del país, pero muchos iraquíes se preguntan qué dirección tomará la nación una vez que los efectivos estadounidenses se retiren.
Algunos temen más luchas sectarias o un regreso de Al Qaeda para sembrar terror en las ciudades. Otro punto de conflicto es una disputa entre los kurdos en su enclave semi-autónomo del norte y el Gobierno central árabe iraquí sobre territorios disputados y el petróleo.
La violencia ha disminuido desde los días más sangrientos de asesinatos sectarios cuando suicidas y escuadrones se cobraban cientos de víctimas por día en momentos en que el país sufría asesinatos de venganza entre las comunidades suníes y chiíes. Sólo en el 2006, 17.800 militares y civiles iraquíes murieron en hechos de violencia.
Las fuerzas de seguridad de Irak en general son vistas como capaces de contener la insurgencia islamista suní remanente y a las milicias chiíes rivales que según los Estados Unidos, cuentan con respaldo de Irán. Pero los ataques ahora están dirigidos a funcionarios del Gobierno iraquí y fuerzas de seguridad, en un intento de mostrar que las autoridades no controlan la situación.
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