El economista Ettore Gotti Tedeschi, presidente del Instituto para las Obras de Religión -la banca vaticana- reiteró en un artículo en L'Osservatore Romano esta tesis que viene defendiendo desde hace tiempo. A juicio de este banquero católico y liberal "han sido mal interpretados los verdaderos orígenes (de la crisis), es decir, el colapso de la natalidad y las consecuencias que han llevado al aumento de las tasas sobre el PIB para absorber los costos del envejecimiento de la población".
En su opinión, "se han subestimado los efectos de las decisiones tomadas para compensar estos fenómenos, sobre todo con la deslocalización productiva y con los consumos en base a deuda".
Gotti Tedeschi es incansable en la denuncia de los efectos negativos de las teorías maltusianas a las que responsabiliza, "no sólo por el sacrificio de vidas humanas en los últimos decenios, sino, también, por el colapso de la economía, la crisis actual y el empobrecimiento del mundo occidental".
Según él, fue hace treinta años que, gracias a las tesis maltusianas, el mundo occidental decidió "interrumpir la natalidad por el bien común, para estar mejor y para no consumir demasiado los recursos del planeta". Pero así sólo se logró "producir un efecto diametralmente opuesto".
En un artículo en el Corriere della Sera, publicado en julio del año pasado, este economista, autor de Dinero y paraíso: la economía global y el mundo católico, explicaba por qué considera a la natalidad como un factor clave: "Todos los modelos de crecimiento económico clásico están totalmente referidos al aumento o disminución de la población y, por lo tanto, a la oferta de mano de obra, a la productividad, a la demanda, a las inversiones y al ahorro. Por ello afirmo que quien no quiere el crecimiento de la población, en realidad no quiere el crecimiento económico y el incremento del bienestar".
Gotti Tedeschi rechaza el argumento de que los antinatalistas están motivados por el deseo de evitar el deterioro de la calidad de vida o por la necesidad de poner fin al consumismo desenfrenado que hace peligrar los recursos del planeta. "Siendo la mayor parte de estas afirmaciones equivocadas, emerge la idea más fuerte de que en realidad es el hombre (egoísta o algo peor) el que no soporta al prójimo y piensa continuamente en cómo sacrificarlo con medios 'lícitos' y políticamente correctos".
Gotti Tedeschi también advertía en ese artículo que los países asiáticos, a los que los neomalthusianos auguraron un futuro de hambre, se están convirtiendo, gracias a su numerosa población, en naciones ricas que hasta pueden "comprar" a Europa.
"La crisis en curso -escribió- nace gracias al derrumbe de los nacimientos en el mundo occidental, que se inició en torno a 1975. Dicho derrumbe provocó la inflexión del desarrollo económico y el aumento de los costos fijos merced al envejecimiento de la población, como resultado del incremento de los impuestos y la caída de la tasa de ahorro. Para compensar estos fenómenos se utilizaron dos modelos correctivos: primero, mayor productividad y deslocalización; luego, progresivamente, se estimuló el crecimiento del consumo a crédito de las familias y, por último, de todo el sistema económico, hasta el exceso de las llamadas subprime".
Para Gotti Tedeschi, "la fuerza de la familia no está sólo en su capacidad de producir efectos sociales únicos, porque le da finalidad e identidad a los individuos (...), sino también por su valor económico, puesto que la familia produce compromiso, estímulo para un accionar responsable y destinado al sostén y crecimiento de la propia familia (que) alienta la producción, el ahorro, la inversión y la creación de riqueza".
En cambio, dice el banquero, "los detractores de la dignidad de la persona querrían hoy un redimensionamiento del desarrollo que haría imposible absorber los costos fijos de nuestra estructura económica y social y hacer inversiones tecnológicas". El ajuste que se propone "significaría producir un sistema en el cual se deberán pagar más impestos, inútilmente" y ésta es la solución en la cual piensan "los mismos que desalentaban los nacimientos", sostiene.
En su columna del Osservatore Romano, repasa las alternativas que se le presentan hoy a Europa, que van desde una quita de deuda -que según él podría llevar a "inventar una nueva burbuja para compensar la deuda con un crecimiento de valores mobiliarios o inmobiliarios"- hasta un impuesto a la riqueza de las familias, lo que sacrificaría un recurso necesario al desarrollo, además de ser una injusticia.
En la crisis global tampoco es fácil encontrar una vía de desarrollo rápido, gracias a un crecimiento de la competitividad, porque "no existen capitales para invertir, los bancos son débiles, el problema demográfico penaliza la demanda y las inversiones", dice el economista católico. "En este contexto, además, los consumos con base en la deuda ni siquiera son imaginables."
Las posibilidades de reducir el costo laboral elevado de Europa son también escasas: el proteccionismo penalizaría a los consumirdores, una devaluación del euro llevaría también a un aumento de los bienes importados, y el recurso a la inflación para desinflar deuda no es posible cuando el crecimiento económico equivale a cero, los salarios están estancados y, por lo tanto, el peligro es más bien el de la deflación.
"La solución está en manos de los Gobiernos y de los bancos centrales, que deben llevar a cabo una acción estratégica coordinada de reindustrialización, refuerzo de los organismos de créditos y apoyo a la ocupación", concluye Gotti Tedeschi.
Esto, en lo inmediato. A más largo plazo, Europa deberá "rejuvenecer".