La barba, clave en la caída de Alfonso Cano

La paranoia a la que llegó el jefe de las FARC lo llevó a afeitarse luego de 40 años. Además, pensaba que habían puesto un chip en sus botas para controlarlo, por lo que ordenó deshacerse de ellas

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Alfonso Cano, el ex jefe de las FARC que fue abatido por el Ejército de Colombia, pasó sus últimos días aislado y acorralado por el grupo de inteligencia que comandó la operación Jaque, por la que se rescató a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, de acuerdo al diario colombiano El Tiempo.

Cano pasó sus horas finales descansando entre tablas de madera y se alimentaba con algo de arroz y de pasta, un par de sándwiches y gaseosas.

Desde diciembre de 2010, Alfonso debió lidiar con el avance de las fuerzas de seguridad del gobierno de Santos. Por ello debió desprenderse de mucho personal de seguridad para no llamar la atención: de 300 hombres pasó a ser custodiado por sólo 25.

Sin embargo, la presión sobre el guerrillero siguió creciendo, por lo que durante los primeros meses de 2011 decidió recortar aún más ese número y quedarse con 10 soldados. Entre sus acompañantes estaban además su mujer, Patricia, y sus dos perros, Pirulo y Conan.

Al poco tiempo también debió deshacerse de sus pertenencias, como libros y su manta térmica, de acuerdo al diario colombiano.

En medio de esta situación de desgaste, grabó un mensaje en el cual quedaba evidenciada su debilidad a través de su aspecto, con una barba desarreglada y sucia vestimenta.

Fue tal la paranoia que comenzó a atraparlo, que decidió afeitarse luego de 4 décadas y tirar sus botas porque creía que tenían un chip por el cual controlaban sus movimientos.

"La rasurada lo cambió absolutamente y lo desestabilizó, porque su parte emocional se afectó y afectó al grupo", relató un oficial de inteligencia según el diario.

Entonces, Cano le quitó el rancho a un humilde campesino para pasar sus próximos seis meses, que resultaron ser los últimos, dado que fue allí donde recibió el golpe final.