El Congreso estadounidense aprobó este miércoles los acuerdos comerciales con Colombia, Panamá y Corea del Sur que, al superar el muro de contención de fuerzas proteccionistas, afrontarán el reto de ralentizar la hemorragia de empleos. Los Tratados de Libre Comercio (TLC), suscritos entre 2006 y 2007 durante la presidencia de George W. Bush, recibieron el sello de aprobación en ambas cámaras, tras una jornada de elogios y diatribas sobre la liberalización comercial.
La Casa Blanca, la mayoría de los republicanos y la clase empresarial, "venden" los TLC como un antídoto a la tasa de desempleo del 9,1 % en los EEUU, argumentando que ayudarán a incrementar las exportaciones anuales en 13 mil millones de dólares y acrear 250 mil empleos. Es allí donde buena parte de los demócratas y los sindicatos que los respaldan han centrado sus ataques porque creen que, lejos de ser una panacea, los TLC van a causar una mayor fuga de puestos de trabajo al exterior.
"Estos acuerdos siempre tienen ganadores y perdedores, pero sería un error exagerar los beneficios o los costos. El efecto, al final, es mas político y simbólico que económico", comentó Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de estudios políticos en Washington. "En el caso de Colombia, el efecto será modesto ya que el proceso demoró tanto y reveló lo peor del sistema político en los EEUU. Deja un mal sabor", aseguró.
Por su parte, Lori Wallach, analista del grupo Public Citizen, señaló que todo acuerdo conlleva "depósitos y retiros". A modo de ejemplo, explicó que si bien aumentarán las exportaciones de los EEUU también crecerán "mucho más" las importaciones surcoreanas. En esa aritmética, advirtió, "lo que te queda al final es un déficit" y una pérdida de 159.000 empleos estadounidenses.
En general, por tratarse de una relación comercial asimétrica, la proliferación de acuerdos de los EEUU con países en vías de desarrollo tiende a beneficiar más a las multinacionales. En cambio, las pequeñas empresas ven reducidas sus oportunidades, corren mayores riesgos de perder su cuota de mercado y, al reducir su producción, eliminan empleos.
El mayor antecedente en la región
A lo largo del debate de este lunes, los detractores señalaron que la misma promesa de prosperidad se hizo para la puesta en marcha en 1994 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pero éste también dejó perdedores, sobre todo en el sector manufacturero de los EEUU. Ese acuerdo puso en la calle a seis millones de trabajadores en los EEUU, indicaron.
Según un estudio reciente del progresista Instituto de Política Económica, el déficit comercial de Estados Unidos con México se disparó en 107.000 millones de dólaresentre 1993 y 2004. Del lado mexicano, el TLCAN, que inundó el sector agropecuario de ese país, provocó el éxodo hacia el Norte de millones de indocumentados.
El temor es que, pese a la eliminación de aranceles y un mayor acceso al mercado de los EEUU, un "dumping" agrícola similar ocurra en Colombia y perjudique a miles de agricultores. El TLC con Bogotá arrojaría un baldazo de agua fría para algunos rubros, en particular los sectores de arroz y leche.
De acuerdo a la Comisión de Comercio Internacional de LOS EEUU, la agencia independiente que evaluó los TLC en 2007, su efecto económico en este país será mínimo porque, en su conjunto, conforman un mercado relativamente pequeño para este país. Los TLC, en todo caso, presentaban al presidente de los EEUU, Barack Obama, la disyuntiva de congraciarse con el empresariado, con el que había mantenido unas relaciones tibias, y responder a las exigencias de los sindicatos para la creación de empleos.
El presidente de la federación sindical AFL-CIO, Richard Trumka, ha advertido desde siempre de que los pactos "exportarán" más empleos fuera de los EEUU. Como edulcorante, el Congreso también extendió hasta 2013 la Ley de Ajuste Comercial, que ayuda a los estadounidenses desplazados por los efectos de la globalización.
Aún así, no son pocos los que opinan que, ante la incertidumbre económica en los EEUU, el apoyo a los TLC es sinónimo de suicidio político de cara a los comicios de 2012, en los que estarán en juego la reelección de Obama y la de muchos miembros del Congreso. La apuesta del mandatario y demás partidarios es que los acuerdos empiecen a generar, y muy pronto, los empleos prometidos a corto y mediano plazo en este país.
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