Un nuevo asunto de índole sexual tiene como protagonista al dirigente socialista francés que preside el Fondo Monetario Internacional desde 2007, y nuevamente la clase política de ese país -casi sin distinción- grita ¡complot!. A diferencia de la prensa estadounidense, que de inmediato agiganta estas cuestiones con un arrebato directamente proporcional al puritanismo ambiente de la cultura anglosajona, los franceses se inclinan por la tolerancia ante los pecados de la carne, cimentando así su bien ganada fama de libertinos.
Las primeras reacciones de la dirigencia gala apuntan casi todas a señalar que "DSK", como llaman al director del FMI en su país, fue víctima de una trampa por su "debilidad" hacia las mujeres. Y estas opiniones vinieron de dirigentes de ambos sexos. Es decir que no se trata de una solidaridad masculina con el donjuanismo de un congénere.
Los asuntos de cama gozan en Francia de gran indulgencia.
No faltó quien señalase que no hay "peor lugar" para ser acusado de un delito de índole sexual que los Estados Unidos, en alusión a la tendencia anglosajona por considerar más graves los pecados de la carne que los delitos del espíritu. Al revés que en Francia.
François Mitterrand, presidente de Francia durante 14 años (de 1981 a 1995), admitió al final de su segundo mandato haber tenido una familia paralela, y presentó a su hija extramatrimonial, Mazarine, una joven a la que, gracias a la natural discreción de los franceses en esa materia, pudo mantener lejos de la curiosidad mediática casi hasta su mayoría de edad. La revelación no le generó la menor incomodidad al histórico dirigente socialista. Era un secreto a voces que nadie consideraba digno de tratamiento público.
Por el contrario, uno de sus colaboradores, Pierre Bérégovoy, se suicidó en 1993 al surgir sospechas de que había usado su influencia política para obtener un crédito hipotecario. Había sido ministro de Economía y Primer Ministro, entre otros cargos, y era muy querido y admirado por su impecable carrera política. Sencillamente no pudo soportar ni una sombra de duda sobre su honestidad.
En los EEUU, por el contrario, es más fácil derribar una reputación política con un asunto de cama que con uno de corrupción.
A propósito del caso de David Patterson, gobernador demócrata de Nueva York, que antes de asumir el cargo admitió públicamente haber sido infiel a su esposa -para evitar futuras denuncias-, un escritor francés, Pascal Bruckner, publicó una nota en Le Monde (abril de 2008), titulada "La infidelidad, una obsesión americana", en la cual habla del "estupor del ciudadano europeo", frente al tratamiento público de lo que en Francia son considerados asuntos estrictamente privados. Bruckner se decía sorprendido de que "la primera potencia mundial" se exaltase "por miserables historias de cama".
Y en referencia a las infidelidades, las amantes o la frecuentación de prostitutas, decía: "Nada fuera de lo normal para un viejo europeo rendido a las vicisitudes de la naturaleza humana".
Y recomendaba a los estadounidenses tomar "lecciones de civilización en el Viejo mundo", donde, según él, "todo el mundo engaña y es engañado y se sobrevive muy bien a la inconstancia del respectivo cónyuge". "La verdadera fidelidad -sentenciaba- es más exigente que una estrcita abstinencia física y, si el amor es fuerte, superará esos episodios".
Que lo diga si no Anne Sinclair, la esposa de "DSK". Acostumbrada a las travesuras de su marido, jamás duda de su amor. No niega sus debilidades, sencillamente las toma como tales. "Historia de una noche", minimizó cuando su esposo fue objetado en el FMI por una relación impropia con una subordinada. Sinclair publicó entonces un comunicado asegurando que la relación entre ambos no había sufrido lo más mínimo. Lo mismo hizo ahora, afirmando no creer en ninguna de las alegaciones de las que es objeto su libertino cónyuge.
"Entre nosotros -decía Pascal Bruckner en el artículo citado- (el adulterio) es casi un objeto de veneración, la protesta de la criatura oprimida contra la convención matrimonial (...). La monogamia estricta es un ideal inhumano y más vale un compromiso con las debilidades humanas que contenerlas a cualquier precio, con riesgo de dramas inútiles".
Dramas a los que nos acostumbra la prensa estadounidense exponiendo a los pecadores al escarnio público (¿quién no recuerda a Hugh Grant fotografiado y prontuariado como un delincuente por pagar los favores de una prostituta?), exigiendo la confesión frente a millones de lo que deberían ser temas de alcoba, crucificando carreras -incluso deportivas, como la de Tiger Woods- en el altar del sagrado vínculo matrimonial y, en definitiva, forzando a muchos a la hipocresía y al doblez.
Desde ya que una violación es algo muy diferente a la afición al sexo. Aún falta probar que el intento atribuido a Strauss-Kahn existió realmente, y no será fácil convencer a los franceses que, en su mayoría, se inclinan por la teoría del complot.
Pero, como se dijo, lo que no pueden los deslices de índole sexual sí lo logra en Francia la venalidad de un funcionario que malversa fondos o, más sencillamente, la ostentación del dinero, inclusive si no es malhabido.
Casualmente, Dominique Strauss-Kahn estaba en la picota en su país en los días previos a su arresto en Nueva York por una inoportuna fotografía que lo mostraba subiendo a un Porsche Panamera S, que ni siquiera era de él, pero que en Francia es considerado un auto de nuevo rico. El hombre tiene un buen pasar, producto de la fortuna heredada por su esposa, una periodista muy exitosa que sacrificó su carrera apenas él entró en la política, pero aún pudiendo explicar el origen de su tren de vida, a los franceses no les cae bien que sus políticos exhiban riqueza, propia o ajena. Nicolas Sarkozy empezó a perder imagen apenas asumió por no tener en cuenta esta quisquillosidad de sus conciudadanos. Unas vacaciones en Martha´s Vineyard, para colmo en respuesta a la invitación de un amigo multimillonario, cayeron pésimamente en la opinión pública francesa, que, en general, se mostró muy disgustada con el estilo exhibicionista del actual presidente. La escandalosa separación de su adúltera esposa y el casamiento expréss con Carla Bruni no causaron, en cambio, la misma indignación. Sí molestó la excesiva trascendencia de un tema que, para ellos, debería ser de índole estictamente privado.
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