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El destino de Patricio Loustau para su debut en un Superclásico parecía estar escrito por un guionista del montón: entró en el primer plano del Boca-River luego de que Héctor Baldassi, el árbitro designado en primer turno, fuera operado por una apendicitis.


Loustau, uno de los mejores representantes del arbitraje de la última camada, se enteró de su próximo reto a último momento, porque cuando la urgencia de Baldassi obligó al plan B, su reemplazante estaba en un viaje de avión de regreso a la Argentina luego de desempeñarse como cuarto árbitro de un partido de Copa Libertadores.


No tuvo la preparación adecuada y, para colmo de males, en el camino al calentamiento físico que hizo en La Bombonera, se resbaló en un escalón y de pegó un fuerte golpe en su espalda que lo obligó a ser infiltrado para jugar.


Así fue que, luego, protagonizó el clásico desde el lugar donde los árbitros nunca quieren aparecer: el de las malas actuaciones, que terminan por resultar determinantes en los resultados.


Entre sus errores más groseros se cuentan al menos 3 penales no cobrados a River y un off side mal cobrado a Erik Lamela a instancias de uno de sus colaboradores.


A los 18 minutos, Juan Insaurralde le cometió una clara falta en el área a Rogelio Funes Mori cuando el delantero de River quedaba mano a mano con el arquero Cristian Lucchetti.


Tres minutos después, el línea Marcelo Aumente levantó su bandera y Loustau convalidó la decisión incorrecta, ya que el mediocampista estaba en la misma línea que el último defensor de Boca.


A los 24, Leandro Caruzzo tomó groseramente de la camiseta al recién ingresado Leandro González Pirez al punto de que, aún caído en el área, el defensor de Boca lo seguía tomando, y el árbitro continuó naturalmente con el partido.


En la misma jugada, Juan Insaurralde impidió a Funes Mori participar de la jugada también por un grosero agarrón que el árbitro tampoco advirtió.


Luego, los errores propios de River hicieron el resto.