Las cartas de amor por encargo siguen vivas

En el centro histórico de la capital mexicana todavía pueden encontrarse escribas. Pero algunos ven peligrar la continuidad de su negocio por el avance de la tecnología  

José Edid González es notario desde hace 45 años, uno de los más antiguos del lugar; padece de artritis en las manos, pero eso no le quita las ganas e ilusión para "seguir sirviendo a la sociedad", confesó.

González asegura que para dedicarse al oficio se necesitan "cualidades éticas y morales", así como conocimientos generales de gramática, sintaxis, ortografía y cultura.

Los clientes que recurren a los artistas de la maquina de escribir son, principalmente, gente madura. "Nos buscan para redactar cartas a sus familiares y para llenar documentos oficiales".

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También ayudan a no videntes y a jóvenes estudiantes en sus trabajos, redactan currículum o leen cartas a personas iletradas que siguen recurriendo a ellos.

Hay quien se acerca con cierta timidez para pedir precio, y se sienta en una de las dos sillas al frente del escritorio del profesional.

El trabajo más caro es pasar a máquina una tesis o investigación y hacer de corrector de estilo. Por lo general, cobran desde los 150 hasta los 800 pesos (de 8,5 a 47 euros) y tardan entre una semana y un mes en entregar el trabajo, según su extensión.

Los poemas, las cartas de amor y las estrofas de canciones -algo que a González le gusta hacer- se cobran más baratos: entre 50 y 80 pesos (de 2,8 a 4,6 euros).

Cada día se va apagando el negocio, porque ya no hay tanto analfabetismo -quedan seis millones de analfabetos en México, un 5,31 % de la población- y la gente ya no recurre a sus conocimientos poéticos, lamenta González.

Este oficio nació en Ciudad de México en el siglo XIX, con pluma y papel, hasta que llegó la máquina de escribir.

La nueva era de la tecnología no les preocupa, pertrechados como están con su experiencia y conocimientos para elaborar un currículum, o escribir un poema. Así lo considera otro de los artesanos, con nombre de poeta, Miguel Hernández.

"Un mensaje por Internet, si no lleva una chispa no sirve por más que se difunda millones de veces. Cuando hay talento, no importa que salga de una vieja máquina de escribir o de una computadora", aseveró.

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