Nació 9 meses después de la Revolución de mayo, y por eso se definía como el "Hijo de la patria". Hijo de un humilde matrimonio, Domingo Faustino Sarmiento vio la luz en uno de los barrios más pobres de San Juan el 14 de febrero de 1811, aunque lo inscribieron el 15, fecha que quedó como la de su natalicio. Y pese a ese origen difícil, tenía reservado un lugar bien alto en la historia argentina.
Historiadores, sociólogos, maestros y prácticamente todo el mundo intelectual coinciden en que fue el verdadero crear de la escuela libre, gratuita y pública en Argentina. Después de sus giras por Europa y los Estados Unidos, en las que estudió a fondo la cuestión educativa, volvió no sólo ilustrado en los contenidos sino, incluso, en materias relacionadas con la construcción de escuelas, el diseño de aulas, cómo debían estar orientadas y cuál debía ser el mobiliario.
Durante sus seis años como Presidente (de 1868 a 1874) se construyeron más de 1.000 escuelas primarias y más de un centenar de escuelas normales –calificaba a las escuelas como "base de la prosperidad de la República"– e impulsó la creación de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas, la Universidad Nacional de San Juan, el Observatorio Astronómico de Córdoba, la Biblioteca Nacional de Maestros, el Colegio Militar y la Escuela Naval, entre otras entidades educativas.
Pero Sarmiento no sólo estuvo ligado al ámbito educativo. Fue, sobre todo, un hombre político. Alguno de sus tantos biógrafos escribió que nació en guerra, vivió en guerra, murió y aún hoy continúa en guerra. Pese a su mente lúcida y brillante, incurrió en varias contradicciones que la historia tampoco le perdona, y sus detractores se encargan de resaltar para "humanizar" de alguna manera a ese hombre que los libro escolares describen casi como un "semidios".
El Sarmiento escritor fue otra de las facetas que mostró "el padre de la Escuela". Escribió varias obras que, además de su mente lúcida y brilante, reflejaron el momento de la historia en el que se publicaba su obra.
Fue el autor del Facundo, de Recuerdos de Provincia, de otros libros inmortales que fueron traducidos en todo el mundo. Por su estilo y contenidos, Unamuno en 1912 lo recomendaba entusiasmado a los españoles. Y calificaba a Sarmiento como el más grande escritor hispanoamericano del siglo XIX.
Sus viajes por Europa y Estados Unidos también le hicieron comprender la importancia de la comunicación. Durante su gobierno se tendieron 5 mil kilómetros de cables telegráficos, inaugurando la primera línea telegráfica con Europa. Modernizó el correo y logró extender las líneas férreas: cuando asumió la Presidencia había 500 kilómetros y al final de su mandato llegaban a más de 1.300 kilómetros.
Además, fue el impulsor del primer censo nacional durante su gobierno. El mismo arrojó un total de 1.836.490 de habitantes. Sarmiento comprendió entonces que debía fomentar la inmigración y apuntó a pobladores anglosajones: pensaba que estos fomentarían más la industria y la cultura que los habitantes del sur de Europa. Organizó la primera contaduría nacional y creó el Boletín Oficial. Decidió instalar el primer servicio de tranvías a caballo, diseñó él mismo los jardines Zoológico y Botánico de Buenos Aires.
Cuando dejó la presidencia, Sarmiento demostró que su vida la dedicó a servirle a la Patria: no tenía donde vivir, y se fue a vivir a la casa de una sobrina.
Antes de morir, dejó escritas unas líneas que se consideran desde entonces su testamento político. Así resumió su vida: "Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la Tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna, que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no desee mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubiertos de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, del que yo gocé sólo a hurtadillas".