La zona roja está que arde en Amsterdam. Ocurre que una medida impulsada por el gobierno holandés, obliga a las prostitutas a registrarse y exhibir su "carnet" -expedido por los ayuntamientos del país- ante policías y clientes.
La ley responde, según las autoridades, a la necesidad de constatar que la persona ejerce dicha actividad "de forma voluntaria", en el marco de una reestructuración que apunta a los burdeles de Amsterdam con sus conocidos escaparates de la "Zona Roja".
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Asimismo, se pretende moderar la actividad de pandillas de Europa del Este y de Rusia, que llegaron a la capital holandesa para instalar los escándalos y riñas en el escenario callejero.
El avance ha desatado la ira de las trabajadoras del rubro, quienes lo ven únicamente como una vía para recaudar impuestos. Se trata de una actividad que moviliza cerca de 3 mil mujeres que se mueven en los 142 burdeles que ofrece la capital holandesa.
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La prostitución es una actividad muy popular en la ciudad de los tulipanes desde el siglo XVII, cuando Holanda era una potencia naval y recibía a diario cientos de marinos que amarraban en aquel puerto sedientos de aventuras con mujeres locales.
Los llamados "barrios rojos" –por las lámparas de color que iluminan los escaparates de la calle lindera al puerto, en los cuales las mujeres se exhiben a la espera de un cliente– datan de dos siglos, y en aquel entonces eran legales.
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Cien años después fueron prohibidos, pero la actividad seguía ejerciéndose desde las tinieblas de la clandestinidad.
Hasta que, en el año 2000, las autoridades holandesas decidieron levantar la prohibición legal que regía sobre estos lugares, inaugurando una etapa de "reformas" que se extiende hasta hoy.
Dos años atrás, el ministro de justicia, Ernst Hirsh Ballin, intentó encarar la cuestión del registro obligatorio de las prostitutas, aunque la iniciativa fue frenada.
Pero el nuevo gabinete, con el apoyo parlamentario puntual del islamófobo Geert Wilders, del Partido de la Libertad (PVV), está decidido a aprobar la nueva legislación, a pesar de la fuerte resistencia de las propias prostitutas.
La Haya, por su parte, apoya la medida para ejercer cierto control sobre las trabajadoras del sexo, a fines de evitar la proliferación de redes de tratas de blancas.
Pero una prostituta local manifestó, a modo de portavoz de sus compañeras: "Ya sé que es algo ilegal, pero si tienes en cuenta la cantidad de problemas que tienen la chicas que se dedican a ello, pues haces la vista gorda".
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