Salomé, la primera rapera de Irán

Con sus letras en farsi, el idioma nacional de su país, cuestiona al régimen islámico, que considera al hip hop "satánico" y "obsceno". También fue pionera en hacer graffitis

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Escuchar las letras de Salomé en un MP3 a todo volumen puede pagarse con la cárcel. Pero el movimiento under que se ha desarrollado en Irán no sólo sobrevive, sino que es cada vez mayor. La pulsión de los jóvenes por expresarse y vincularse con otros que estén en su misma sintonía puede más que cualquier eventual castigo. Los adolescentes no sólo se revelan contra un régimen teocrático que califica a su música como "vulgar", sino también contra Occidente. Como toda generación que se siente oprimida, buscan un lugar en el mundo, revelándose contra las formas que le fueron impuestas.

Esa búsqueda llevó a Salomé a escribir sus primeros versos mientras estaba en la secundaria. Rapearlos parecía una meta no sólo lejana, sino imposible. Un amigo suyo, Hichkas, uno de los fundadores del hip hop en Irán, le permitió participar de un tema con sus versos y su voz. De ahí en más, mientras sufría los embates de un gobierno que, según dice, no la censura pero cierra las discográficas que graban rap, MySpace y YouTube se convirtieron en sus canales de comunicación. Como en tantos otros países donde el gobierno decide hasta dónde se puede ejercer la libertad de expresión, internet se volvió su único medio de difusión.

A fuerza de colaboraciones, canciones sueltas y algunas actuaciones internacionales en Turquía y Holanda, Salomé comenzó a llamar la atención de los medios occidentales. Sus letras políticas fueron las que más impactaron, como el tema que colgó en YouTube tras la relección de Mahmoud Ahmadinejad en 2009, para el que tuvo que usar el alias de Kalameh: la canción llegó a varios portales occidentales, que la veían como un símbolo de la alienación juvenil en un país donde la inquietud puede ser pecado.

Sin embargo, Salomé no sólo escribe sobre política, sino sobre "lo que sea que se cruza por la cabeza". En una entrevista se sinceró: "Sufrí más por amor que por política". También cuestiona a occidente. "Toda esta propaganda sobre gente oprimida dará a los países occidentales más excusas si están interesados en ocuparnos", afirmó.

Hace unos meses se mudó a Japón, donde estudia grabación y trabaja en el primer disco que sacará fuera de Internet. Mientras, sigue pintando y haciendo grafittis, rompiendo con el esquema que estaba condenada a respetar por ser mujer.