La revista Alternet da cuenta de un nuevo fenómeno: la resistencia a la tendencia que prescribe comer sano y mantenerse delgado. A la vanguardia de esta contracorriente se encuentra el restaurante Heart Attack Grill (Parrilla del Infarto) de Chandler, Arizona, que ofrece hamburguesas gratuitas, todos los días, mediodía y noche, a sus clientes con una única condición: pesar, al menos, 175 kilos.
En este restaurante, todos los invitados son llamados "pacientes" e "ingresados" por "enfermeras". El menú incluye también cigarrillos sin filtro y milk-shakes (batidos de leche con helado), además de las hamburguesas. La Quadruple Pontage, por ejemplo, tiene 8 mil calorías y justifica que el "paciente" deje el restaurante en silla de ruedas.
También se han puesto de moda los shows televisivos pensados con la misma lógica: concursos de comida o programas del tipo Man vs. Food, donde un animador gourmet recorre el país relevando los mejores y más generosos platos.
Alternet critica este "falso heroísmo" de resistir a algo que, en definitiva, busca mejorar la salud individual y colectiva de un país. El sitio atribuye esta conducta al hecho de que los Estados Unidos formaron su identidad nacional en torno a la lucha contra la metrópoli inglesa por asentar su derecho a la independencia. Es por ello que, dice la revista, "muchos estadounidenses parecen encontrar placer desde muy jóvenes en hacer lo contrario de lo que se les pide".
Ahora bien, agrega, "atiborrarse al punto de necesitar una silla de ruedas para ser llevado hasta su auto, sólo tiene como recompensa el poder vanagloriarse de ello; y proponer platos gratuitos a clientes que ya son gordos no hace más que subir la valla, recompensando la obesidad con dinero".
Joe Basso, dueño del Heart Attack Grill, dice estar jugando una pulseada con el movimiento dietético. Aunque delgado, él se considera un pionero de la rebelión contra la alimentación sana. Su parrilla abrió las puertas en 2006, pero recientemente el movimiento contra la comida light recibió un impulso de la política. Desde que la primera dama Michelle Obama y su esposo enarbolaron la bandera de la lucha contra la obesidad, la comida chatarra se ha convertido en un grito patriótico de los opositores al actual presidente. En la cadena Fox, conocida por su animosidad contra los demócratas, el presentador Glenn Beck lanzó un grito de guerra: "¡No toque mis papas fritas, señora Obama!"
En cuanto a Jon Basso, interrogado por Alternet acerca de sus intenciones, buscó darle un cariz humanista a su emprendimiento: "Muchos de mis mejores amigos son obesos y, triste es decirlo, son tratados como los homosexuales".
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