El sólido balance económico es el principal motivo de orgullo del primer ministro saliente Fredrik Reinfeldt, quien a pesar de la crisis logró preservar el célebre "modelo sueco", así como el Estado de bienestar.
Los debates entre estas dos fuerzas estuvieron centrados en cuestiones clásicas como las disminuciones de impuestos apoyadas por la derecha, el incremento de las diversas indemnizaciones prometidas por la izquierda, la mejora de la ayuda a los ancianos y la calidad de la enseñanza.
Según una encuesta, el DS podría obtener hasta 7,5% de las intenciones de voto, más del doble del resultado logrado en las últimas elecciones: 2,9% en 2006. Este resultado es fruto de una profunda modificación del partido representado por un joven líder, Jimmie Aakesson, que lo despojó de sus emblemas y fraseología neo-nazis.
Pero si ninguno de los bloques obtiene la mayoría de las bancas, o sea 175 por lo menos de las 349, Suecia teme un caos político que podría conducir, según Jenny Madestam, una investigadora en Ciencias Políticas de la Universidad de Estocolmo, "a nuevas elecciones, lo que sería sin precedentes para Suecia".Tanto Fredrik Reinfeldt como Mona Sahlin excluyen toda colaboración con el DS para gobernar.