"Entiendo que es más fácil para la gente atacar a un individuo que a una compañía", agregó el hombre más odiado de 2010 por los norteamericanos.
Hayward dejó en claro que no se fue por deseo propio, sino para evitar un daño mayor a la imagen pública de la petrolera británica.
Mientras estuvo en el cargo, Hayward fue blanco de todas las críticas, tanto las dirigidas a la estructura de la empresa por su deficiente respuesta al desastre como a su manejo personal de la crisis.
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El día que se despidió de sus empleados, Hayward recibió una ovasión que casi lo hizo llorar. En aquella oportunidad, admitió quebrado: "Mantenerme a mí como la cara pública de BP se volvió insostenible".
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