Hace 60 años, el estadio Maracaná quedaba totalmente callado. En la final del Mundial de Brasil se enfrentaban el anfitrión y Uruguay. Todos los pronósticos favorecían al Scratch, pero la historia tuvo un giro inesperado.
A 11 minutos del final, un tanto de Alcides Ghiggia marcó la proeza de la Celeste. Ganaban 2-1 y se consagraban campeones del mundo en el majestuoso estadio de Río de Janeiro, ante unas 174.000 personas.
Ghiggia, héroe del conocido Maracanazo, con 83 años a cuestas, es el único sobreviviente del equipo titular que forjó la gesta en el último partido.
"Sólo tres personas en la historia han conseguido hacer callar al Maracaná con solo un gesto: el papa Juan Pablo II, el cantante Frank Sinatra y yo". Así reza una frase de Alcides Ghiggia.
Su gol es apreciado como uno de los más importantes en la historia de los mundiales de fútbol.
Para Brasil, en contraste, se trata de una derrota que todavía se siente en el orgullo futbolístico del Scratch, y seis décadas después es aún considerada la peor "tragedia" deportiva de ese país, pentacampeón del planeta.