Es la primera vez que una investigación posterior a la ejecución de un reo ofrece pruebas de su inocencia. El texano Todd Willingham, muerto en 2004 por la aplicación de la inyección letal, no habría sido el autor del incendio de su casa, en el que fallecieron sus tres hijas, informó hoy ElMundo.es.
Willingham, de 23 años, fue condenado en 1992 por este hecho, y ejecutado 12 años después. Siempre dijo que él no había iniciado el fuego.
La asociación Proyecto Inocencia presentó este caso en 2006 a la comisión texana de ética. "Mientras nuestro sistema judicial cometa errores, no podremos seguir realizando ejecuciones", afirmaron desde esta asociación.
La condena de Willingham se basó, de acuerdo a esta nueva investigación, en ausencia de pruebas periciales, en el testimonio de un experto psiquiatra que describió al sentenciado como un "sicópata muy peligroso" sin haberlo entrevistado nunca, en testigos que cambiaron su declaración a favor de la acusación y en abogados ineficaces.
En agosto, la comisión de ética texana presentó sus conclusiones, y de acuerdo a la palabra de un especialista en incendios (que también retomó otros dos estudios realizados en 2004 y 2006), el siniestro fue accidental y su análisis durante el juicio careció de todo rigor científico.
Este trabajo sale a la luz en momentos en que Troy Davis, un hombre de raza negra condenado por el asesinato de un policía blanco, espera su ejecución en Georgia, mientras un tribunal examina nuevos elementos que podrían exculparle.
Cada año se ejecutan en los Estados Unidos un promedio de 50 reclusos.