La mafia italiana tiene otra cara: las madrinas

Están en ascenso en la Camorra, el crimen organizado de la zona de Nápoles. Dirigen sus familias mafiosas además de criar a los niños y cocinar la pasta 

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Las mujeres siempre han tenido una presencia fuerte en las familias de la Camorra, abriéndose paso hasta la cima a golpes y alguno que otro asesinato. Su influencia se remonta a los años 50, cuando una ex reina de belleza embarazada apodada "Pupetta" (muñequita) mató a tiros al hombre que ordenó el asesinato de su esposo y, dicen, se embarcó en una carrera delictiva.

Ahora que el Estado escala la guerra contra la Camorra y arresta a decenas de hombres, las mujeres tienden cada vez más a tomar las riendas.

"Un número creciente de mujeres cumplen funciones ejecutivas" en la Camorra, dijo a la agencia Associated Press el general de Carabineros Gaetano Maruccia, comandante de la zona napolitana. "Son viudas (de capos mafiosos) o esposas de hombres encarcelados. Tienen las riendas", aseguró.

Esta dimensión familiar de la Camorra se corresponde con la estructura de la sociedad italiana, donde las familias generalmente prefieren encomendar sus negocios a una pariente mujer antes que a alguien de afuera.

Las mujeres camorristas todavía realizan las tareas "tradicionales" de cortar y envolver cocaína y heroína en sus cocinas o asear las guaridas de capos prófugos, pero algunas ejercen el poder en las calles. Amenazan a los comerciantes para que paguen protección y cada vez más dirigen un tráfico de drogas que mueve millones de dólares.

Algunas "madrinas" camorristas están a la altura de los hombres en cuanto a influencia y mando, aseguran las autoridades.

Tal es el caso de Maria Licciardi, que pertenece al bando victorioso en la prolongada y sangrienta rivalidad entre los Di Lauro y la Alianza Secondigliano, que hasta hace un par de años sembraba cadáveres casi diariamente en las calles de Nápoles.

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