Otro cura fue amenazado por su lucha antidrogas

Un sacerdote del partido de Lanús denunció que, en noviembre pasado, recibió un ataque verbal contra su vida. "Los curas estamos continuamente expuestos, en cualquier momento nos podrían asesinar", sentenció en una carta abierta

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Un sacerdote del partido de Lanús denunció que, en noviembre pasado, recibió un ataque verbal contra su vida. "Los curas estamos continuamente expuestos, en cualquier momento nos podrían asesinar", sentenció en una carta abierta
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El párroco que decidió contar su historia de amenazas, ante la difusión del caso del "Padre Pepe", es el Padre Pablo Osow, del templo San Pedro Armengol del partido bonaerense de Lanús.

En una carta abierta titulada Traficantes versus curas, el sacerdote confirmó que, en noviembre del año pasado, le sucedió lo mismo que a José María Di Paola, "por salir a buscar pibes que se estuvieran drogando por la calle los viernes por la noche".

Según afirma, el principal motivo de las amenazas contra la Iglesia está en los "miles de tratamientos gratuitos contra las adicciones" que ofrecen las parroquias. "También (hay) espacios sanos de contención que previenen la caída de niños, jóvenes y adultos", agregó. Opina que éstos se crearon porque "parece no importarle mucho al Estado que el tráfico de drogas se multiplique".

"Los curas estamos continuamente expuestos, en cualquier momento nos podrían asesinar. Los traficantes se esconden como ratas para hacer lo suyo: matar lentamente a sus clientes, vendiéndoles el maldito veneno. Los sacerdotes nos equivocamos muchas veces, porque somos humanos. Los traficantes parecen no ser humanos, sino vampiros que viven de la sangre de quienes han tomado el camino equivocado", señala en el documento.

Luego, el Padre Pablo les habla directamente a los vendedores de drogas que pululan en las villas y calles del Conurbano. "A los traficantes les parece que van a ganar seguro. Que nos van a dar miedo. Que nos van a hacer callar. Que nos encerraremos como ellos, cobardemente, detrás de la protección de algún matón. Que nos dedicaremos a otra cosa, que bajaremos los brazos", reflexiona.

Sin embargo, luego asegura: "Pero se equivocan. Porque ellos no saben algo: que si nos matan, nosotros ganamos. Y si no nos matan, también. En ambos casos, el amor más grande pasa por nuestro corazón... ¿Puede haber mayor victoria que esa? En ambos casos, ellos pierden. Pierden la poca dignidad que les quedaba, manchándose la boca con amenazas y las manos con crímenes. Pierden la posibilidad de reconciliarse con la vida, y de vivirla intensamente. Atacan a quienes también podrían y querrían ayudarlos a ellos. Hermano traficante: yo te daría una mano a vos también, si en vez de amenazarnos te dejaras ayudar".